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Cocolos de San Pedro de Macorís: "las mil y una noche"

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“Como es sabido, los llamados cocolos son un sector de trabajadores inmigrantes que llegaron al país con el auge de la industria azucarera. Provenían de diferentes islas que entonces eran colonias inglesas en las Antillas”.

 

Entrevista a Prudencia Emilia George Potter

A continuación damos a conocer el interesante testimonio de la señora Prudencia Emilia George Potter, hija de inmigrantes provenientes de las colonias inglesas del Caribe, grupo étnico conocido como cocolo en el país. Por la relevancia de las informaciones que aporta sobre este sector de la clase obrera dominicana, se ha considerado oportuna su publicación. Esta entrevista se realizó en el marco del proyecto sobre Vida Cotidiana del siglo XX en la República Dominicana, que desarrolla el equipo de investigación del Área de Fuentes Orales del Archivo General de la Nación, durante un trabajo de campo en San Pedro de Macorís en el mes de octubre del año 2007. El equipo de investigación del AGN lo integraron Aldriano Pérez, Pastor de la Rosa y Roberto Rodríguez, y la entrevista se registró en soporte audiovisual.

Como es sabido, los llamados cocolos son un sector de trabajadores inmigrantes que llegaron al país con el auge de la industria azucarera. Provenían de diferentes islas que entonces eran colonias inglesas en las Antillas. Muchos se destacaban por su dominio de la tecnología y oficios asociados a los ingenios. Otros vinieron como simples obreros agrícolas cortadores de caña.

Además, el conocimiento del idioma inglés le permitió a una parte de éstas el desempeño de cargos intermedios, ya que facilitaban la comunicación entre los patronos, en su mayoría estadounidenses que no hablaban el español, y la gran masa de obreros dominicanos.

También otros cocolos se dedicaron a actividades comerciales, como es el caso del padre de la entrevistada, quien, además, se destacó en funciones religiosas en la Iglesia Metodista. Pero en resumidas cuentas, los llamados cocolos incidieron en una diversidad de ámbitos. Por tal razón, han tenido una influencia decisiva en el San Pedro de Macorís del siglo XX. Desde allí se desplazaron al resto del país, a donde han llegado diversas influencias de esta etnia dominicana.

Ellos también supieron resistir la discriminación racial y la condición de explotación a que fueron sometidos por el gran capital azucarero. En este trabajo se hará un recorrido de ese proceso histórico, narrado de manera brillante por doña Prudencia George Potter, maestra de larga trayectoria y una auténtica exponente de los cocolos. Vale resaltar los aportes de Aldriano Pérez, conocedor del tema, que con sus oportunas preguntas logró ahondar en detalles relevantes.

Prudencia Emilia George Potter (PEGP): Nací el 27 de mayo del año 1934.

Pastor de la Rosa (PDR): ¿Dónde?

PEGP: Aquí en San Pedro de Macorís.

PDR: Háblenos de su padre y de su madre, por favor.

PEGP: Mi padre vino de las islas británicas , por ahí por el año 1918. Se casaron aquí. Mi papá se llamó Charles Franklin George. Y mi mamá Florentina Potter. Ellos casaron aquí y criaron seis hijos. De los cuales solamente quedamos tres. Los otros tres ya fallecieron. Quedamos uno que vive en Estados Unidos y mi hermana y yo, que vivimos aquí en San Pedro de Macorís.

La fecha indicada en la que llega el padre de la entrevistada al país, es el período durante el cual se desarrolla la llamada «Danza de los millones», denominación atribuida al período de auge azucarero en el país, en el que capitalistas estadounidenses, bajo el amparo de la ocupación (1916-1924), hicieron jugosos negocios.

Recordemos además, que en ese momento se desarrolla la I Guerra Mundial, coyuntura aprovechada por el naciente imperio norteamericano para ampliar su área de influencia, en lo que consideró su «patio trasero», como parte de la lucha por el control colonial que reflejaba la misma Guerra. A partir de entonces se inaugura la fase del capitalismo imperialista y monopólico.

Aldriano Pérez (AP): ¿A qué se dedicaban sus padres?

PEGP: Mi padre era comerciante y mi madre ama de casa. Una ama de casa muy entregada a sus hijos. Nunca salía a ningún lugar, nada más cuidando de nosotros. Y mi padre vivió por mucho tiempo, con un negocio que había frente a donde queda ahora Zaglul, la tienda Zaglul. Y anteriormente también en la esquina quedaba el Correo. En ese edificio tenía él su negocio. Y luego cambió para otro negocio en Miramar.

Es decir, que los inmigrantes no sólo eran aquellos que venían directamente a trabajar en los ingenios y las plantaciones azucareras, sino que la región atrajo a una variedad de personas, incluyendo comerciantes. La ciudad de San Pedro de Macorís era un exponente de actividades de todo tipo para ese entonces. Hoy bellísimos edificios y grandiosas construcciones de esa época atestiguan tal realidad. Allí se concentró todo el avance industrial y cultural de la época, que convivía con la salvaje explotación y discriminación practicada en los ingenios y los bateyes.

PEGP: Él era pastor de la Iglesia Metodista [se refiere a su padre], que queda en la calle Doctor George No. 90. Todavía existe. Todos fuimos bautizados por la Iglesia Metodista. Y luego de un fuego en la Iglesia Metodista pasamos a la Iglesia Episcopal San Esteban. Ellos nos educaron en la casa, donde nos enseñaron a orar todos los días. Hacíamos los estudios bíblicos los domingos en la tarde con toda la familia. Nos reuníamos y estudiábamos la Biblia. Nos enseñaron los libros de la Biblia, cómo están divididos cada uno. Y estudiábamos básicamente con amor, porque luego aprendimos a amar la palabra de Dios.

La devoción religiosa era una característica fundamental de los cocolos. A la que se sumaba el apego a la familia, como espacio social privilegiado. La educación moral y religiosa daba unidad a dicho grupo étnico y le permitía resistir la situación de miseria y explotación en que estaban sumidos. Doña Prudencia lo indica de la siguiente manera:

La vida familiar

PEGP: Mi papá tenía muchos hermanos y mi mamá también. Y todos vivían en Miramar. Recuerdo que mis tíos y tías se visitaban todos los días. No había teléfono. Porque ahora es fácil. Ahora yo puedo coger el teléfono y llamar para saber cómo amaneció mi hermana. Pero en ese tiempo se visitaban en la mañana y en la tarde. Pero el sol no se acostaba sin uno saber cómo estaban sus hermanos. Es decir, que nosotros nos criamos en un entorno familiar de mucho cariño, de mucho amor unos con otros.

Hoy en día yo lamento realmente que se ha ido perdiendo un poquito de eso. Porque los que quedamos atrás no hemos seguido el ejemplo que nos dieron de estar presentes todo el tiempo y saber unos de otros, como en aquel tiempo.

Las actividades sociales y culturales

PEGP: Recuerdo al padre Balter, que fue el que fundó los Scouts, el padre Tomás Balter. Él dirigía el coro de la Iglesia Episcopal. Era músico y componía también para la Banda Municipal. Porque en ese tiempo había una Banda Municipal que daba retretas en el parque. Y la juventud lo que hacía, su diversión, era ir al parque.

Primero íbamos a la Iglesia y después entonces íbamos al parque a dar vueltas, a caminar al compás de la música. Y a la matinée. Estaban el Aurora y el Restauración.

A pesar de las condiciones de pobreza en que vivía la mayoría de los inmigrantes cocolos y sus familias, éstos no descuidaban la educación de sus hijos. A falta de escuelas, sus humildes viviendas y patios fueron convertidos en lugares de enseñanza. Se destacó el Colegio San Esteban, que era exclusivo para cocolos.

PDR: ¿Dónde usted estudió?

PEGP: Yo realicé mis estudios básicos, o sea, de primaria, en el Colegio San Esteban. Las clases se daban en inglés. Pero tuvimos la dicha de saber inglés, porque era una persecución y una discriminación muy grande que había en la comunidad. Pero por eso, gracias a Dios, aprendimos inglés. Todas las clases eran en inglés. Y luego daban el español como segundo idioma. Hasta que Trujillo lo impuso, tenían que dar español e inglés como segundo idioma. Eso fue en los años cuarenta.

Según la señora Prudencia, esta medida de Trujillo afectó la calidad de la educación, debido a que la mayoría de los maestros eran de las islas británicas y no sabían español. Tuvieron que buscar maestros criollos. Algunos de los  maestros cocolos abandonaron el país ante la limitante idiomática que les impusieron y el temor de quedarse sin trabajo. Estados Unidos fue uno de sus nuevos destinos.

A propósito le vienen a la memoria los siguientes nombres de profesores:

PEGP: Inés Kenn, Larin Daniel... Pero quisiera especialmente mencionar al profesor George Josch, que fue también Director. Él no era dominicano, pero aprendió bien el español. Era músico también y quedó al frente de la Institución como Director, porque dominó el español. Luego se fue para Santo Domingo y estaba trabajando en [el Colegio] La Salle. Murió hace cuatro o cinco años.

«Las mil y una noches»

Como minoría étnica, los inmigrantes padecieron el látigo de la discriminación, fueron víctimas del rechazo, sumado a las precariedades de su existencia. También tenían que soportar las vejaciones por el simple hecho de no ser blancos, situación que la señora Prudencia recuerda con amargura.

AP: ¿Existía discriminación?

PEGP: Era una discriminación tremenda. Y una forma…, de todo, por eso llegó el mote de cocolo. El [mote] cocolo viene de ahí de la discriminación. El cocolo es una forma de ofensa. En cada acto, dondequiera, imagínate: «Ésa es una cocola.» «Ésa es cocola.»

Ellos te veían, yo diría, como actualmente se ve a los haitianos. Que para todo a los haitianos los discriminan. Este país discrimina a los haitianos, no lo queremos reconocer, pero es así. Nosotros pasamos por mucha discriminación. Yo digo que últimamente con el avance, que las gentes quieren aprender el inglés. Eso ha subido, nuestro rating, de que todo el mundo nos busca para enseñarle el inglés. Y ya te ven como una persona de otro nivel. Pero pasamos «las mil y una noches».
Una vez yo fui al instituto para aprender, porque antes no era computadora, sino máquina de escribir. Yo quería aprender a escribir a máquina y fui a la escuela de mecanografía de Doña Marisela. Y cuando fui, escuché la clase, tranquilamente, me senté atrás. Cuando terminó la profesora, me le acerqué y le dije que quería inscribirme. Y ella me dijo: «¿Para qué?.» «¿Por qué usted no piensa mejor poner un ventorrillito en su casa? Usted puede poner un ventorrillo en su casa.» Eso lo viví yo, eso lo viví yo.

Me impactó, me molesté grandemente, pero fui. Fui a la dirección, me inscribí. Y estuve ahí. Y cuando esa señora vio mi ortografía y mi caligrafía, me puso de monitora. Ella me mandaba a la pizarra y entonces les llamaba a la atención a los demás y les decía: «Miren, ¿no les da vergüenza? Miren cómo ella escribe. Sobre la discriminación sufrida para acceder a la educación, Doña Prudencia resume con una oración contundente que no deja lugar a dudas: «Por eso yo le digo que nos cerraban las puertas.»

Sociedades mutualistas e iglesias
Las sociedades mutualistas y las logias fueron instituciones asociadas a las iglesias protestantes. Se convirtieron en espacios de solidaridad y protección. De esa manera, ayudaron a darles identidad de grupo y cohesión social, sin que en ellas estuvieran ausentes los fenómenos de la discriminación y las diferencias de clase.

PEGP: Tú sabes que las sociedades mutualistas las trajeron ellos, las iglesias protestantes. Se destacaron varios personajes, entre ellos el mismo que fundó la Iglesia Episcopal, Isaac Wilson, que vino de las Islas Vírgenes y comenzó a trabajar con los inmigrantes.

También habla del señor Archivald Beer, cónsul inglés radicado en San Pedro de Macorís, dedicado a labores religiosas.

PEGP: Él era británico, de Gran Bretaña, era blanco. Pero no crea, había discriminación también. Él con ellos.

AP: ¿Con los mismos cocolos? ¿Él discriminaba a los cocolos?

PEGP: Sí, a algunos sí. Porque había muchos que eran muy intelectuales, que venían a trabajar, pero que eran intelectuales, vinieron bien preparados. Y usted sabe que siempre hay encuentros y él se oponía a muchas gentes de ésas. Se dice que de los muertos no se habla mal, ¿verdad?

El fundador [de la Iglesia Episcopal] fue Isaac Wilson. Él reemplazó la Wilson. Lo quitó totalmente; se puso al frente. Isaac Wilson vino aquí al país y él trabajaba con los inmigrantes y fundó la Iglesia Santísima Trinidad. Y después que él vino, entonces mandaron a Mister Beer [Reverendo Archivald Beer].

La Iglesia se quemó. Él [Isaac Wilson] era pobrecito. Usted sabe que el pobre no arranca muy lejos, y él era bien pobre, muy entregado. Incluso, murió así, acostado frente al altar. Y dicen que murió de hambre. Se cree que murió de hambre, porque él era bien pobre, bien pobre.

Los que llegaron

PEGP: Las gentes que entraron, todos no vinieron a cortar caña. Vinieron algunos para instalar los ingenios azucareros. Eran mecánicos, electricistas, los que vinieron a trabajar ahí para instalar, tanto el ingenio Porvenir como el Santa Fé, el Consuelo y todos ésos. Dentro de ese grupo, yo puedo decirle que vinieron dos tíos míos a instalar ingenios.

AP: ¿Qué profesión tenían?

PEGP: Eran mecánicos industriales. Ésos no vinieron a cortar caña. Algunos vinieron, desde luego, a cortar caña, pero muchos vinieron con sus profesiones.

AP: ¿Aún los que tenían ese nivel eran discriminados?

PEGP: En aquel tiempo había muchos norteamericanos. Estamos hablando de 1916, 1924, cuando el país estaba lleno de norteamericanos.

Necesitaban a las gentes que hablaban inglés y los norteamericanos los apreciaban mucho, los defendían. Sabían que los necesitaban, porque ellos no sabían hablar español.

Entonces necesitaban a las gentes que hablaban inglés. Es decir, que por esos años aquellas gentes que vinieron, desde luego, con sus profesiones, no eran mirados igual que el que iba al campo de caña. No era igual.

AP: ¿Pero aún así se sentía la discriminación?

PEGP: La discriminación siempre ha existido. Y seguirá existiendo en este país. No vamos a tapar el sol con un dedo. La discriminación existe. Tú coges una negrita, cocolita, bien preparada, que va a solicitar un trabajo… yo no debería hablar esto…

AP: Tenga toda la soltura.

PDR: No se preocupe.

PEGP…Va una bien bonita, cuerpo bonito, cara bonita, blanquita, de buena presencia, porque te piden que tenga buena presencia para un trabajo. Y la que tenga buena presencia, sin preparación, le dan la preferencia. Es decir, que la discriminación siempre ha existido. Y yo creo que no es aquí sólo, sino en todas partes del mundo.

AP: Usted mencionó a unos músicos, ¿También en el ámbito musical se destacaron?

PEGP: Las bandas musicales, las bandas de música que habían aquí eran todas de cocolos. ¿Usted no recuerda, usted es de Miramar, cómo eran los entierros? Los entierros eran con banda de música.

No enterraban un muerto sin música. Porque eso es una tradición de cocolo. Enterrar a sus muertos con música, con himnos, eran himnos que tocaban: «Más cerca Dios de ti quiero morar.»

Eso era lo que cantaban. Se está perdiendo, se perdió eso.

AP: Otra pregunta. Era difícil ir a la casa de un cocolo y que uno nose topara con un instrumento musical. En cada casa cocola había un instrumento musical, ¿por qué?

PEGP: Un piano, un órgano. Porque tenía su música por dentro.

[Era] parte de la educación hogareña. Yo recuerdo a mi mamá, ellos eran cuatro hermanos y ella los mandaba a estudiar, porque era parte de la educación, aprender música. En mi casa había un violín. Mi hermano tocaba el violín precioso. Entonces, había otro que era pianista, no teníamos piano y tocaba el piano de la iglesia.

La cultura culinaria


Se exponen a continuación los interesantes detalles suministrados por la entrevistada, a lo que contribuyó la acuciosidad de Aldriano Pérez, nativo de San Pedro y conocedor de esta cultura.

AP: Pasando a la cocina, ¿qué usted recuerda como platos de esa época de la tradición cocola?

PEGP: Todavía queda parte. Por ejemplo, el yaniqueque es uno. Todavía está por el país entero. Eso es cocolo. El domplín, con bacalao, pescado. Ahora la gente viene de la Capital y dice: «Voy pa’ llá a comerme una domplinada.» Arroz y habichuelas también. Peasoup. Pea es habicuela. Se le echaba jamón, tocino, batata.

El pan. Todo el mundo horneaba pan en su casa. A parte de eso se hacía lo que hoy le dicen relleno. Todo tipo de rellenos, de harina de maíz también. El pan de maíz, pan de guineo. Todo eso era. AP: ¿Entraba el coco en la cocina cocola?

PEGP: En las gentes de Samaná. Más bien, es allí donde se acostumbra a usar el coco. Sí en algunas cosas. Por ejemplo, si íbamos a hacer un pan de batata le echábamos leche de coco y al pan de maíz. Se hacía también un chocolate inglés, que yo misma lo preparaba. Ellos mismos cogían el cacao, lo tostaban y lo majaban. Entonces los hacían larguitos y los vendían. ¿Tú llegaste a conocer eso?

PDR: Sí, en mi campo en el Cibao. Quizás copiado de aquí, imagino, también hacían ese tipo de chocolate, aunque redondo.

PEGP: Exactamente.

AP: ¿Y de las bebidas?

PEGP: Número uno el guabaverry. [Preparación] Se compra el guabaverry, se lava bien, se pone a hervir con especias, con azúcar, canela, y, entonces, después que está frío, uno lo pone en un pote y le echa el ron. Pero hay que dejarlo por lo menos tres meses para que esté bueno.

PDR: ¿En qué se envasa?

PEGP: En cristal.

AP: ¿Qué otra bebida?

PEGP: Hay otra bebida, no sé cómo le dicen en español, que se llama Soupbeer. Es rojo. Eso se hierve también, se hace una almíbar y se le echa el ron.

AP: ¿Y se da aquí?

PEGP: Yo no lo veo ya.

AP: ¿Era una fruta?

PEGP: Sí, era como una fruta. ¿Nadie le habló de eso?

AP: ¿Y el Geenbeerbee?

PEGP: ¿Que se hace a base de jengibre?

AP: ¿Cómo se preparaba eso?

PEGP: No sé bien.

AP: ¿Pero era una especie de cerveza?
PEGP: Muy buena, pero yo no lo sé preparar.

Más sobre las sociedades mutualistas

AP: ¿En qué otras actividades se destacaron los cocolos?

PEGP: Ellos se destacaron mucho en las sociedades mutualistas... Yo recuerdo  que en una época había muchas sociedades. Había la Blatalán [Black Star Line], que quedaba en Miramar. Había también en todos los ingenios. La gente pagaba una pequeña cuota, y entonces con esa cuota, cuando se enfermaban, ellos tenían como un equipo de enfermeras y esas enfermeras, si tú te enfermabas las enfermeras iban a tu casa y te cuidaban. Ellos se basaban mucho en las sociedades mutualistas.

AP: ¿Cuándo había enfermos a dónde se acudía?

PEGP: A los médicos que había. Estaba el doctor Coradín y otros antes que él, no recuerdo los nombres, que eran médicos familiares, médicos que iban a la casa. Había muy pocas clínicas y hospitales. Iban a la casa. Y como le dije, las sociedades mutualistas jugaban un papel importante porque los atendían.

No se extendió la práctica de curandero, quizás por el peso del protestantismo, aunque tampoco estuvo ausente el uso de la medicina natural, pero en un ámbito más familiar.

PEGP: Como era tan unida la familia uno le decía al otro: «Mi esposo está enfermo». Entonces, «dale esto, dale lo otro». Y así iban y se ayudaban unos a otros
.
Estudios y ejercicio profesional

PDR: Volviendo a su persona, ¿Cómo usted continúa sus estudios? Nos decía hace un momento que fue maestra. ¿Cómo se vincula?¿Dónde estudia?

PEGP: Yo estudié en la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Primero me gradué como maestra. Luego seguí los estudios y me gradué de Licenciada en Biología. Trabajé en el Colegio San Esteban. Comencé allí en primaria. Después pasé como secretaria, porque ya yo tenía mis conocimientos comerciales, y luego pasé a ser Directora.

Luego, cuando me pensionaron a los 70 años, me solicitaron trabajar en la escuela Nuevo Horizonte, para dar inglés. Y daba inglés allí desde las dos de la tarde hasta las nueve de la noche.

Hasta que yo misma dije: «Van cinco años más. Ya no voy a trabajar más.» Claro, pude darme el lujo por los hijos que tengo, porque son profesionales. Tengo dos hijos, una que es bioanalista, tiene su propio laboratorio, y el otro, es contable, trabaja individual. Pero pude darme el lujo, gracias a Dios primero, y a ellos que son muy buenos.

AP: Siendo usted Directora del Colegio San Esteban éste llegó a ser el único colegio secundario que abría las puertas a los cocolos. Yo recuerdo que había una afluencia de cocolos para estudiar la secundaria de la mayoría de los ingenios de San Pedro de Macorís.

De Quisqueya, de Consuelo, de Santa Fe, del Porvenir, venían a estudiar ahí. ¿Notaba usted alguna diferencia en términos de formación, de educación de esos cocolos, dependiendo del ingenio o la comunidad de donde venían?

PEGP: Realmente no hay regla sin excepción. No le voy a decir que todos eran angelitos, había también sus diablitos. Siempre hay diferencias. Aunque no sea una diferencia muy marcada, siempre hay algo. Fíjese que la mano no vamos a decir que es un conjunto homogéneo.

AP: ¿El transporte de esa época?

PEGP: El Colegio tenía una guagua. Un chofer que salía a las cinco de la mañana a recoger a los estudiantes de Consuelo, los de Porvenir, Santa Fe y también Quisqueya. Y de Quisqueya venía un grupo grande. Hasta que con un cambio que hubo, no recuerdo exactamente el año, pero el ingenio compró una guagua para mandar a los estudiantes a estudiar a la ciudad, a San Pedro.

Entonces, ellos viajaban gratis. Y, por ejemplo, de Quisqueya que venían muchos estudiantes. Entonces, mermó el asunto del negocio de la guagua. Tanto para Consuelo y Santa Fe, porque cada ingenio compró una guagua para mandar a los estudiantes. Tanto de día como de noche, que fue un gran aporte.

PDR: Esos estudiantes que usted tuvo, siendo maestra y después Directora, ¿Algunos se han destacado en la vida nacional o han tenido trascendencia?
PEGP: Si tú buscas las ocupaciones, tenemos políticos, tenemos abogados. El Colegio es rico en cuanto a eso, a su ex alumnado.

AP: ¿Usted recuerda una generación, posterior a usted o que está más o menos por ahí, que ingresó como profesores en San Pedro de Macorís, ya en las  escuelas del Estado?

PEGP: Muchos. Tenemos a Elsa Well, que fue directora hasta el año pasado del Liceo más gran de San Pedro de Macorís. Se destacó con mucho respeto, mucha consideración. Un trabajo excelente. Tenemos a la hermana York, que fue profesora en el Liceo José Joaquín Pérez. Tenemos a la hermana Fátima también, Chak Roger, Valia….

Celebraciones cocolas

PDR: ¿Cuáles eran las celebraciones que más atraían a las personas de la comunidad cocola?

PEGP: Lo que más atraía eran las sociedades cuando hacían sus aniversarios. Ellos hacían sus desfiles en las calles, desfilaban desde Miramar hasta venir aquí a La Independencia, caminando todos vestidos de blanco, zapatos blancos, sombreros blancos y guantes blancos, para celebrar sus aniversarios. Claro que en las iglesias, yo le diría, que cuando más se celebraba en las iglesias eran en la Pascua de Resurrección, en la Semana Santa que las gentes iban más. En el año viejo también se llenaban las iglesias. Era el momento en que las gentes iban a las iglesias antes de que sonara el timbre de las doce para pedir perdón a Dios por todo lo que habían hecho durante el año. Eso era como una costumbre de todos los diciembres, el ir a la Iglesia a media noche el 31 de diciembre. Se llenaban. Y también durante la Semana Santa. La Semana Santa se guardaba con mucho respecto, mucho honor, desde el primer día, desde el Domingo de Ramos hasta el último domingo, que es la Pascua de Resurrección.

Recuerda ella que el día después de la Pascua de Resurrección, se organizaban juegos, en los que participaban muchas personas. También bailaban y cantaban. Era un verdadero de día de asueto.

Integración con los dominicanos

PEGP: No al principio, porque el cocolo o los cocolos, como yo les digo, era una comunidad bastante cerrada. Hasta el dominicano se fue interesando e ntegrando, hasta que copiaron las ideas. Cogían las ideas y las imitaban. Eso ha sido una bendición.

PDR: Inicialmente quizás no había muchos matrimonios entre dominicanos y cocolos. ¿Pero luego, los hay?

PEGP: Sí, hay muchos matrimonios entre dominicanos y cocolos.

AP: Eso al principio, en el 1924.

PEGP: ¡No, no, no! Por la resistencia de los cocolos. En ese sentido, el cocolo es como era el arabe. Tú tienes que casarte con una de tu raza: «Tienes que buscar las gentes de tu raza». Una forma de defensa, de que no pusieran a las muchachas de mojiganga: una forma de burlarse y dejarlas. Educaron tanto en
eso que yo creo que todo el mundo se cuidó.

Las misas

PEGP: Se daban en inglés. La primera misa a las seis de la mañana era en inglés. Se llenaba la iglesia. Después, cuando vino el padre Balter, como le dije, él no era dominicano, pero aprendió mucho el español y es cuando comienza a atraer a los dominicanos. Tú estabas obligado a ir dos veces al día.

AP: ¿En eso Trujillo no se inmiscuyó?

PEGP: No. Lo permitió.

AP: ¿A partir de qué años los dominicanos comenzaron a asistir a la Iglesia Episcopal?

PEGP: Por ahí por los cuarenta [década de 1940].

Impacto de la cultura cocola

AP: ¿Cómo usted considera que ha impactado en la sociedad dominicana
la irrupción de los cocolos y su participación en todo lo que tiene que ver con la cultura, el arte, la educación, la ciencia?

PEGP: Ha influido bastante. Tenemos muchos educadores. Al principio había mucha gente en la Compañía Dominicana de Teléfonos. Cuando tú querías ver una cocolita tenías que ir a la Compañía Dominicana de Teléfonos, por el inglés. Ésos eran los primeros que trabajaban. También en los hospitales como enfermeras.

Hoy en día tenemos médicos, psiquiatras, abogados. La educación ha sido bastante importante. Muchos negocios.

Finalmente, hay que reconocer que después de dos generaciones la cultura y tradiciones cocolas han ido modificándose. A ello han contribuido los procesos migratorios acentuados en las últimas décadas en San Pedro de Macorís. No obstante, a pesar de su acentuado desvanecimiento, aún perduran prácticas, recuerdos y memorias de sus costumbres. También son monumentos vivos de su cultura las logias, los guloyas, comidas y bebidas, así como la presencia generalizada de las iglesias protestantes en esta provincia.

Se puede decir, parafraseando a doña Prudencia, que los cocolos abrieron las puertas que les cerraron.

Tomado de: Boletín del Archivo General de la Nación, Sección
de Historia Oral, Departamento de Investigación, República
Dominicana, Año LXX, Vol. XXXIII, Núm. 121.

 

 

 

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