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FRANK MOYA PONS ESCRIBE: "LA CONSTITUCIÓN DE CÁDIZ EN SANTO DOMINGO"

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(Tomado de: Frank Moya Pons. Historia y memoria. Diario Libre, sábado 22 de enero de 2011)

Cuando los dominicanos tuvieron que redactar su primera constitución republicana en 1844 las experiencias constitucionales más recientes provenían de la Asamblea Constituyente de Puerto Príncipe que redactó la primera constitución liberal de Haití a finales de 1843. Los dominicanos contaban también con otras referencias constitucionales como la Constitución estadounidense de 1787, las primeras Constituciones de la República Francesa y la Constitución liberal de Cádiz de 1812. Es bien sabido que el Manifiesto del 16 de enero de 1844, llamado por sus redactores "Manifestación de los pueblos de la Parte del Este de la Isla antes Española ó de Santo Domingo, sobre las causas de su separación de la República Haitiana", fue elaborado a partir de las ideas y el estilo contenidos en el Acta de Independencia de los Estados Unidos de 1776.

La Constitución haitiana de 1843 fue el modelo más cercano pues varios de los redactores principales de la primera Constitución dominicana habían sido miembros de la Asamblea Constituyente de Puerto Príncipe y compartían, en aquellos momentos, el credo político de los revolucionarios haitianos que habían derrocado a Boyer con la intención de impedir que el absolutismo y el personalismo políticos volvieran a cobrar cuerpo en el país.

Algunos historiadores dominicanos han analizado las posibles influencias de la Constitución de Cádiz en la tradición constitucional dominicana, entre ellos Fernando Peréz Memén y Américo Moreta Castillo, Julio Campillo Pérez y Wenceslao Vega Boyrie.

Según Campillo Pérez, la repercusión inmediata de la Constitución de Cádiz fue "su gran abono al desarrollo de las libertades públicas a través principalmente de su artículo 371 que establecía la libertad de escribir, imprimir y publicar las ideas políticas de cada ciudadano 'sin necesidad de licencia, revisión o aprobación de alguna anterior a la publicación'".

Siguiendo a Emilio Rodríguez Demorizi, Campillo Pérez sostiene que gracias a esta Constitución aparecieron los primeros periódicos en Santo Domingo. En realidad, esos periódicos no vieron la luz hasta 1821, durante el segundo interregno liberal español, pues durante el primero, entre 1812-1814, el mayor impacto visible de la Constitución de Cádiz en Santo Domingo fue la creación de las Diputaciones Provinciales y la elección de diputados a Cortes, aparte de las celebraciones públicas por la promulgación de la Constitución.

Vega Boyrie avanza en su análisis más allá de Campillo Pérez y observa que aun cuando las constituciones estadounidense, francesa y haitiana ejercieron una influencia innegable, algunos principios de la Constitución de Cádiz fueron asimilados y quedaron fijados en la tradición constitucional del país desde bien temprano.

De los Estados Unidos los dominicanos asimilaron la organización del Estado en tres poderes públicos y la organización del Congreso Nacional en dos cámaras, en tanto que de la tradición francesa incorporaron en sus textos constitucionales la enunciación de los derechos del Hombre y del ciudadano, así como otras garantías a las libertades públicas. De los haitianos los constituyentes dominicanos copiaron casi idénticamente por lo menos 113 artículos.

De la Constitución de Cádiz, en cambio, los primeros constituyentes dominicanos retuvieron muy pocos textos, pero por su importancia conviene mencionarlos. El primero de ellos es el preámbulo pues los dominicanos escribieron "...En nombre del Dios, Uno y Trino, Autor Supremo y Legislador del Universo", en tanto que en el texto de Cádiz se lee: "En el Nombre de Dios Todopoderosos, Padre, Hijo y Espíritu Santo, Autor y Supremo Legislador del Universo". Según señala Vega Boyrie, ese preámbulo aparece también en otras constituciones hispanoamericanas del siglo XIX,

Resonancias similares se encuentran en el artículo 140 de la dominicana (El gobierno interior de las Provincias reside en un Jefe Superior Político, nombrado por el Poder Ejecutivo"), que deriva del artículo 324 de la Constitución de Cádiz ("El gobierno político de las provincias reside en exjefe Superior nombrado por el Rey en cada una de ellas").

De la misma manera, el artículo 147 de la Constitución dominicana ("En cada cabeza de Provincia habrá una Diputación Provincial, para promover su Prosperidad..."), es copia casi exacta del artículo 325 del texto de Cádiz que dice: "En cada Provincia habrá una Diputación Provincial, para promover su prosperidad, presidida por el Jefe Superior").

Tanto Vega Boyrie como Campillo Pérez señalan que la institución de las Diputaciones Provinciales fue la principal herencia de la Constitución de Cádiz en el constitucionalismo dominicano.

Sobre esta institución, por lo menos once artículos de la Constitución dominicana siguen muy de cerca el texto de Cádiz y las diferencias son mínimas. Tomemos, por ejemplo, la elección de los diputados: en el caso español éstos eran elegidos para las Cortes, mientras que en la República Dominicana lo eran para servir en el llamado Cuerpo Legislativo.

Es curioso y hasta resulta paradójico que los constituyentes dominicanos de 1844 tuvieran más en cuenta la Constitución de Cádiz que los redactores de la Constitución de 1821, preparada para servir de marco jurídico al Estado Independiente de Haití Español, proclamado por José Núñez de Cáceres durante el segundo interregno liberal español cuando el texto gaditano había sido puesto nuevamente en vigor.

Para organizar la nueva entidad política, Núñez de Cáceres redactó y promulgó un "Acta Constitutiva del Estado Independiente de la Parte Española de Haití" que no tuvo en cuenta la Constitución de Cádiz, reinstituida en España en 1820. En cambio, Núñez de Cáceres sí fue influido por la Constitución haitiana de 1816, que sirvió para legitimar el gobierno vitalicio de Alexander Petion.

Las influencias más palpables son aquellas que tienen que ver con los derechos del hombre, tales como la libertad, la igualdad ante la ley y el derecho de propiedad, la seguridad individual y la inviolabilidad del domicilio, la separación de los poderes del Estado, y los deberes del ciudadano, principios todos éstos de procedencia francesa.

Muchos de los artículos sobre esos derechos y deberes del ciudadano del Acta Constitutiva, escrita por de Núñez de Cáceres, son copias exactas de artículos similares de la primera Constitución republicana haitiana de 1816. Véanse artículos 6, 7, 8, 9, 10, 11, 15, 27, 28, 29 y 31 de esta última.

Como dato interesante, el artículo 32 del Acta Constitutiva dice que a partir de ese momento "quedan desde luego abolidas la Constitución de la Monarquía española, y las leyes, corporaciones y demás establecimientos que de ella dimanan, fuera de todo lo que va salvado y exceptuado en este reglamento provisional, o se salve y exceptúe por los demás que sea preciso formar en lo sucesivo".

Esa Acta Constitutiva o Constitución provisional del efímero Estado independiente de la parte española de la isla no pudo ser aplicada porque los haitianos unificaron la isla políticamente apenas dos meses después de haber sido promulgada.

A partir de entonces empezó a regir en la antigua colonia española la Constitución haitiana de 1816 que ha sido ampliamente estudiada tanto por tratadistas haitianos como dominicanos por su larga duración y porque estableció las bases formales para la organización de un sistema republicano en Haití y en la República Dominicana, posteriormente.

Esta Constitución sigue muy de cerca el texto constitucional francés de 1795 que, entre otras cosas, incluye la Declaración de los Derechos y Deberes del Hombre y los Ciudadanos, aunque también contiene ecos de la Constitución de los Estados Unidos de 1787, como es la adopción de un sistema legislativo bicameral, dividido en un Senado y una Cámara de Representantes de las Comunas.

Con todo, los haitianos introdujeron algunas innovaciones, entre ellas la institución de la presidencia de la República vitalicia, y mantuvieron vigente el principio decretado desde el momento de la creación de Haití de que "ningún blanco, cualquiera que sea su condición, podrá pone pie en territorio haitiano a título de amo o propietario. Solamente se reconocerán como haitianos los blancos que formen parte del ejército, los que ejercen funciones públicas y a los admitidos en el país antes de al Constitución del 27 de diciembre de 1806. Para el futuro, y después de la publicación de esta revisión constitucional, ningún blanco podrá aspirar a los mismos derechos, ni ser empleado como tampoco adquirir la ciudadanía ni la propiedad en la República". (Art. 39).

Al terminar la dominación haitiana Boyer fue sustituido por un presidente provisional, Charles Hérard, quien convocó una Asamblea Constituyente en octubre de 1843.

Esta Asamblea Constituyente eliminó la Presidencia de la República vitalicia, y fijó elecciones presidenciales cada cuatro años a través de electores escogidos por asambleas primarias en las comunas. Asimismo, prohibió la reelección presidencial sucesiva, asimilando con ello varias normas de la Constitución estadounidense.

A pesar de ser considerada como la más liberal que había tenido Haití, esa Constitución mantuvo la prohibición a los individuos de raza blanca de poseer propiedades en Haití.

Aprobada el 30 de diciembre de 1843. Este texto sirvió de modelo a los constituyentes dominicanos casi un año más tarde cuando se reunieron en San Cristóbal para redactar la Constitución que serviría para organizar en naciente Estado llamado República Dominicana.

La Constitución de Cádiz, pues, tuvo un impacto limitado en la República Dominicana. Con todo, Campillo y Vega Boyrie afirman que a pesar de su breve vigencia entre 1812-13 y 1820-21, gracias a la Constitución de Cádiz los dominicanos tuvieron la oportunidad de gozar de ciertas libertades políticas, como la de palabra y de imprenta, y que ello sirvió de germen a la formación del espíritu liberal en la República Dominicana.

 

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