Juan Ricardo Hernández: Participación de la Mujer en la Resistencia Civil (1916-1924)

Viernes, 13 de Marzo de 2009 18:59
Por :Juan Ricardo Hernández
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Dos factores influyeron para que las mujeres dominicanas se constituyeran en sujeto, pasando a desempeñar un papel protagónico en todo lo que fue la resistencia urbana en contra de la intervención norteamericana de 1916. Primero, las ideas de libertad y participación igualitaria sembradas por Eugenio María de Hostos, las cuales fueron difundidas por todo el país.  Segundo,  el relacionamiento establecido por diferentes mujeres dominicanas con organizaciones femeninas de otros países. 

Ellas asistían a encuentros, actividades e intercambios, los cuales fueron contribuyendo a que la mujer dominicana comenzara a exigir mejores niveles de igualdad y participación en la sociedad.

Muchas  mujeres se destacaron como directoras de centros educativos función por años reservada para los hombres,  igualmente la puesta en contacto con libros y revistas internacionales fue dando pie a la emergencia del movimiento feminista dominicano, a tal punto que ya en 1910 Abigail Mejía desató una campaña de opinión pública a favor de los derechos de la mujer.

Son las maestras, como sector social, junto a intelectuales, escritoras y poetas que le dan un impulso a las ideas feministas en la República Dominicana.  La mayoría de ellas pertenecían a sectores sociales medios y de la burguesía, que eran quienes  tenían acceso a la educación formal.  Esto así porque en el país existía una fuerte crisis económica y una inestabilidad política, que impedían el acceso de los sectores populares, y principalmente  de las mujeres, a la educación formal.

Al momento de perpetrarse la intervención norteamericana en 1916, la reacción fue de absoluto rechazo al hecho, asumiendo la postura patriótica de rescate y recuperación de la Soberanía Nacional.  Es por esto que un total de 17 mujeres firmaron un documento, el cual le fue entregado el 19 de mayo de 1916 al Comandante norteamericano Caperton, donde se le exigía nombrar un presidente interno al cual los rebeldes le entregarían las armas, esta propuesta no fue aceptada.  Otra acción significativa fue la ejecutada por Mélida del Castillo, Floripez Mieses y otras mujeres, las cuales repusieron la bandera dominicana en la Fortaleza Ozama, que había sido sustituida por la norteamericana.  A los 42 días de ser proclamada la intervención militar, Ercilia Pepín inició su campaña nacionalista a través de  conferencias y charlas realizadas en Santiago, La Vega, Puerto Plata y Santo Domingo.

Ese movimiento llamó a la incorporación de la mujer para el rechazo a la intervención, lo que permitió que este comenzara a organizarse, con el objetivo de luchar por la desocupación de la patria y para exigir algunas sentidas reivindicaciones.

Por esto, cuando se forma la Unión Nacional Dominicana con la finalidad de lograr la desocupación, un grupo de mujeres solicita y es aceptada su adhesión a este organismo.

Esta era una muestra del fervor patrio de la mujer dominicana, “por cuanto las precedentes declaraciones son, en lo que significan el designio de darle acceso a la mujer dominicana en el apostolado de una  patria absolutamente libre, absolutamente soberana, el más significativo y ufanador de los llamamientos de  que ha podido ser objeto el férvido patriotismo de la mujer dominicana.  Por tanto, las infrascritas han acordado adherirse  a la Unión Nacional Dominicana.”1

De esta manera, surgen las Juntas Patrióticas de Damas, diseminadas por todo el país como expresión orgánica de los sentimientos antiimperialistas de las mujeres.  A través de estos  mecanismos se logró un nivel de vinculación total con el movimiento nacionalista a lo largo y ancho de la nación y en el extranjero.

En Santo Domingo, la Junta Patriótica de Damas fue fundada el 15 de marzo de 1920 y estuvo integrada por Floripez Mieses, Mélida del Castillo, Eduviges Rosa, Bebe Nacica, Consuelo Guerrero, Luisa Ozema Pellerano, entre otras mujeres.

 Asimismo en Santiago, Ercilia Pepín organizó la protesta para que se devolviera la soberanía  nacional y participó en el Comité de Damas que organizó la Semana Patriótica en junio de 1920.

También se formaron Juntas Patrióticas de Damas en San Francisco de Macorís (integrada por Ana Delia,  Narcisa Rodríguez, entre otras), Salcedo, el Seybo, (donde participó la educadora Pilar Constanzo), Las Matas de Farfán, Moca, Puerto Plata, Sánchez, Monte Cristi, San Pedro de Macorís y  La Romana.

Por iniciativa de la Junta Nacionalista de Santiago se aprobó el 23 de mayo de 1920 la celebración de una Semana Patriótica, lo que fue aceptado por las demás juntas del Cibao y de todo el país.  Esta semana tuvo  como finalidad elevar el sentimiento nacionalista y recaudar fondos para la Comisión Nacionalista en el exterior que estaba gestionando la “desocupación pura y simple”.

Las juntas patrióticas de damas participaron en la organización y desarrollo de las semanas patrióticas que se realizaron  en todo el país.

En Santiago de los Caballeros se organizaron suntuosas fiestas patrióticas, visitas a las industrias y comercios, en ventas de boletos para los actos, espectáculos y diversiones que se ofrecían dentro de la semana; misas con recolección de óbolos de los feligreses, retretas, recolección de objetos casa por casa, rifas, bazares, veladas lírico-literarias, etc.

 De igual manera, en Santo Domingo, la Asociación Patriótica de Damas asumió la organización de  la Semana Patriótica.  Dentro de las actividades organizadas estuvieron una procesión cívica que culminó con  el beso a la bandera dominicana en la Puerta del Conde y dos días dedicados al escudo, donde todos deberían llevar en un lugar visible de su vestuario el Escudo Dominicano que fue ofrecido en venta por comisiones de damas.

Hubo celebración de Semana Patriótica en  San Pedro de Macorís, La Romana, El Seybo, Hato Mayor, Los Llanos, Monte Cristi, Puerto Plata, Higüey,  Azua, Bani, Moca, San Francisco de Macorís, Cotuí, Pimentel y Mao.  En todas ellas las mujeres participaron totalmente, dándose situaciones muy jocosas como era la de rifas de besos, de un objeto personal, de una pieza de baile, etc.; veladas, corridas de sortijas en el hipódromo, películas, entre otras.

 Frecuentemente, en muchos de estos pueblos el comercio cerraba a tempranas horas de la tarde para que todos los pobladores se integraran a las celebraciones.

El siguiente cuadro es una muestra del dinero recolectado en algunas localidades, se denota por el monto obtenido que el aporte más significativo se obtuvo en la Región Este, Santo Domingo, Santiago y  Puerto Plata.  Tales resultados son el producto de  una mayor   presencia  del movimiento nacionalista, tanto urbano como rural-militar en las demarcaciones mencionadas, por lo que la población estaba lo suficientemente sensibilizada para aportar a favor del rescate de la soberanía.
Fondos recaudados por ciudades  durante la Semana Patriótica, en los meses de junio y julio de 1920:

CIUDAD  CANTIDAD
Puerto Plata $              6,500.oo
Azua                           2,000.oo
Bani                              126.oo
San Pedro de Macorís  50,000.oo
Los Llanos                   5,000.oo
La Romana                10,000.oo
Higüey                       50,000.oo
Santo Domingo           48,000.oo
Santiago                    13,000.oo
San Francisco de Macorís7,000.oo
                      Total  191,626.oo

Fuente: El Diario, junio y julio de 1920. Archivo Histórico de Santiago
En junio de  1921 el Gobierno interventor, a través  de su Gobernador Militar S. S. Robinson, propuso un plan de desocupación, el cual contemplaba la realización de elecciones supervisadas por el gobierno militar.  El gobierno electo debía reconocer todos los actos realizados por el gobierno militar y permitir que la Policía Nacional quedara bajo la dirección de oficiales norteamericanos y asumir el compromiso de pagar la deuda a Estados Unidos.

Dicha propuesta fue ampliamente rechazada por el movimiento nacionalista, que organizó multitudinarias manifestaciones de protesta.  En la ciudad de Santiago la Junta Patriótica Nacionalista dispuso la realización de una manifestación en contra de la proclama, el 17 de julio de 1921, a la que asistieron personas de San Francisco de Macorís, La Vega, Moca, Salcedo, Villa González y Navarrete, estímase en 13 mil personas a pie y 3 mil a caballo, con delegaciones de todas las Juntas Nacionalistas y Patrióticas y  de los ayuntamientos del Cibao.

En esa grandiosa manifestación estuvo presente la Escuela Superior de Señoritas dirigida por Ercilia Pepín,  participando un total  de “400 alumnas” uniformadas, cargando retratos  de    Juan Pablo Duarte, banderas, estandartes, con los colores nacionales, banderines y 2 carteles que encabezaban el desfile de la escuela, donde se leía la inscripción: “Ningún dominicano patriota debe votar, queremos República absolutamente libre”.2

Las mujeres  de Santiago también expresaron su descontento de manera pública ante la propuesta Robinson: “Habiendo llegado la hora de hablar de patriotismo de esta tierra fecunda y bella, necesitando la República Dominicana demostrar al usurpador que en un día desgraciado profanó la santidad de nuestras libertades, el sentimiento cívico de la nación, y ocupando la mujer de Santo Domingo puesto de honor en el santuario de la Patria,  nos ponemos de pie en presencia de Dios, María T. Sánchez y del  Pabellón Cruzado para protestar ante la fatídica proclama que envió el gobierno de Washington el día 14 de junio de 1921 al pueblo de Duarte, Sánchez y Mella”.3 Este documento fue firmado por 1,500 mujeres de la ciudad de Santiago de los Caballeros.

También en la ciudad de Valverde Mao se realizó una manifestación donde  asistieron alrededor de 2,000 personas de los pueblos de Esperanza, Navarrete, Laguna Salada y Santiago.  En esa actividad tuvo una destacada participación el Centro de Damas “El Esfuerzo”.  De igual manera en Guayubín hubo otra concentración donde participaron varios patriotas; entre ellos/as la señorita Mercedes Grullón, quien leyó una carta histórica escrita por Duarte en esa comunidad.

Por su parte, la insigne educadora Ercilia Pepín, rechazó la invitación a representar la mujer dominicana en el Congreso de la Liga Nacional de Sufragistas, celebrado en Baltimore el 20 de abril de l922.  En  la carta enviada al señor Manuel de Js. Lluberes, Subsecretario de Interior y Policía, expresa: “Sería para mí un especial honor, en circunstancia normal del régimen social y del régimen jurídico de la República Dominicana y de su cultura cada vez más amplia y consciente, pero la anormalidad de la verdadera vida nacional, profundamente alterada desde hace un lustro, a la vez  que el imperativo deber asumido por mí como directora de la Escuela de Señoritas de Santiago de los Caballeros, de ser perenne guía de la legión educadora que tengo a mi cargo y a la cual consagro con devoción y con amor, las energías de mi corazón, de mi voluntad y de mi conciencia, son motivos que  estimo irreductible para declinar...”4   Esta respuesta es considerada como una reconfirmación de la postura mantenida no sólo por Ercilia Pepín, sino por otras educadoras frente a la intervención.
 
Con la fundación de la revista Fémina en julio de 1922 en San Pedro de Macorís, el movimiento feminista de la época crea un medio de difusión de sus ideales de participación igualitaria de la mujer y de  resistencia a la intervención.  Su directora lo fue la maestra normal Petronila Angélica Gómez, y sus principales colaboradoras: Evangelina Rodríguez, Delia Weber, Consuelo Montalvo de Frías, Ercilia Pepín, Rosa Smeter, Mignon Coiscou, Livia Veloz y Natalia García. También eran colaboradores, representativos del movimiento nacionalista como Francisco Henríquez y Carvajal,  Luis C. del Castillo, entre otros.

En su primer editorial la revista expresa “...es preciso procurar poner en juego nuestras actividades colectivas con una orientación exclusiva y absoluta, es preciso tratar de que no haya un elemento social que permanezca inactivo en la ardua tarea de romper nuestras cadenas... la mujer dominicana merece ocupar en esta hora adversa el puesto intelectual que merece...”5

Dentro de las actividades que promovió la revista como forma de resistencia fue la de celebrar un concurso de bigotes perfectos.  Con el mismo se perseguía recuperar los hermosos bigotes que existían antes de la intervención y que se habían perdido por la puesta en moda del rasuramiento de estos, caracterizados en los marines norteamericanos.

La revista  Fémina fue un espacio de vinculación entre el movimiento feminista del país y el movimiento feminista internacional, logrando niveles de solidaridad hacia nuestra causa.

En septiembre de 1922 se firmó el Plan Hughes-Peynado, el cual contó con el apoyo de los partidos horacista, velasquista y jimenista.  Este plan proponía la elección de un gobierno provisional por parte de una comisión constituida por los líderes de los partidos y el Arzobispo de Santo Domingo.  Los diferentes caudillos se mantuvieron al margen del movimiento nacionalista, y al momento de definirse el futuro del país, excluyeron a la sociedad civil que representaba el muro de la resistencia y de la dignidad.  En definitiva, los partidos aceptaron ir a elecciones con la presencia de  los marines porque era el mecanismo que les permitía canalizar sus intereses, no así los del país, pues aceptar el Plan era reconocer como buena y válida la intervención.  Con esa decisión los partidos desinflaron la consigna de la “desocupación pura y simple” que impulsaba el movimiento nacionalista, la cual implicaba que los marines salieran del país, pero sin  el  reconocimiento, por parte de los dominicanos, de  las medidas adoptadas por ellos en el transcurso de su gobierno.

La comisión conformada por los partidos políticos y la Iglesia Católica eligió como Presidente del Gobierno Provisional al empresario  Juan Bautista Vicini, quien tenía como misión crear las condiciones para convocar a elecciones libres, las cuales se realizaron el 15 de marzo de 1924, siendo ganadas por Horacio Vásquez. Con estas elecciones culminaba la intervención norteamericana, pues paralelo a los preparativos para  el establecimiento del nuevo gobierno, los marines realizaban  su  salida del país.

Tras la salida de las tropas norteamericanas, en Santiago, Ercilia Pepín organizó un acto en la Fortaleza San Luis,  “donde varias maestras y discípulas del Colegio de Señoritas confeccionaron una hermosa bandera dominicana de seda  que fue izada en el recinto militar, y en el momento en que se entonaba el Himno Nacional, unas doscientas damas, a petición de Ercilia Pepín, se arrodillaron en un acto de reafirmación patriótica”.6

Toda la acción social de los nacionalistas, tanto urbanos como rurales, carecía de una propuesta política. Esta limitante contribuyó a que el movimiento se agotara  con la desocupación del país por las tropas norteamericanas. De manera que  el exaltamiento del patriotismo puesto de manifiesto en el proceso de la cruzada nacionalista no fue suficiente para contrarrestar el avance de los sectores políticos que conciliaron con los Estados Unidos, a cambio de que se les permitiera reaparecer en  la arena política nacional.  En definitiva, ni los “gavilleros”, ni las capas medias urbanas  y mucho menos los desideristas de la Línea Noroeste enfrentaron a los marines  a partir de una matriz política que concibiera un proyecto de nación para el cual la intervención era  un obstáculo, sino que afrontaron la situación  debido a que determinados intereses locales y regionales fueron afectados por ese acto de lesa patria.  Debemos reconocer además que la intelectualidad urbana se había formado en un ambiente hostil a la intervención y defensor de la soberanía.

Sin embargo, el gesto patriótico de resistencia a la intervención constituyó  y constituye un símbolo que a diario debemos recuperar para alimentar nuestras fuerzas en este proceso de construcción de una nación libre e independiente como la concibió Juan Pablo Duarte, el cual, a pesar de los esfuerzos de muchos, todavía continúa inconcluso. 
 
Igualmente se demostró en el movimiento de resistencia que la construcción de un proyecto de nación no puede ser excluyente, en cambio incluyente, donde, como ocurrió en esa ocasión, participen todos los actores sociales que graviten en la sociedad en cuestión.  Esto así porque el movimiento nacionalista sin la presencia de las mujeres en el mismo no hubiese tenido la incidencia que tuvo en la sociedad dominicana de la época.   Estas le imprimieron un dinamismo  que amplió su radio de acción geográfica y social.  Combinando las demandas propias de su sector con la situación que atravesaba el país, las mujeres colocaron bien alto su patriotismo y el de todos los dominicanos.
Notas:
1. Listín Diario, Santo Domingo, 22 de marzo de 1920, p. 1.
2. El Diario, Santiago de los Caballeros, 19 de julio de 1921, p.18.
3. El Diario, Santiago de los Caballeros, 19 de julio de 1921, p.5.
4. Paulino Ramos, Alejandro. Vida y obra de Ercilia Pepín, Santo Domingo, Editora UASD, 1987, p. 88.
5. Féminas, Año 1, No. 1. San Pedro de Macorís,  15 de julio de 1922.
6. Paulino Ramos, Alejandro. Ob. Cit., p.89.