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Inicio Historia Contemporánea Ocupación Militar Americana y Resistencia Nacionalista, 1916-1924

Ocupación Militar Americana y Resistencia Nacionalista, 1916-1924

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(Conferencia de Alejandro Paulino Ramos en Funglode, 2010). En la primera ocupación militar norteamericana del territorio dominicano se produjeron acontecimientos y reacciones de protestas contra la presencia de las tropas norteamericanas que desembarcaron en los primeros días del mes de mayo de 1916, y a favor de la soberanía perdida. Pero más allá de las protestas, las acciones de la prensa y del sector nacionalista se convirtieron en la punta de lanza del movimiento que se desarrolló a favor de la desocupación y la independencia del pueblo dominicano.

Las luchas de la prensa, los nacionalistas, las agrupaciones culturales y la sociedad en sentido general, trajeron como consecuencias la búsqueda de mecanismos que facilitaran la desocupación militar. Llegado el momento, los Estados Unidos hicieron varias ofertas para esa desocupación, siendo las más importantes las contenidas en los planes de los presidentes Wilson y Harding. Al final, los negociadores dominicanos terminaron llegando al “entendido de evacuación” conocido como Plan Hughes-Peynado.

La soberanía nacional, viéndola como un derecho que emana del pueblo y que confirma la independencia de un Estado y su territorio sin aceptar el influjo y las presiones políticas y económicas de potencias mundiales o poderes vecinos, desapareció con la ejecución de una intervención militar que limitó la libertad del pueblo dominicano.

El aspecto de la libertad para un pueblo que está bajo el poder de una potencia que tenía intereses imperiales, desapareció para caer en una especie de “dictadura” extranjera.  Esa perdida de la soberanía sobre el territorio y de la libertad colectiva e individual, imposibilitaron la práctica de la  autodeterminación como principio básico para que un pueblo se reconozca como tal, viviendo bajo condiciones de independencia en relación a otros países o potencias con intereses y proyectos que son contradictorios con el interés nacional. De aceptarse el aniquilamiento de la independencia, de la libertad y de la soberanía, entonces se estaría aceptando el intervencionismo y la desintegración de la nación dominicana.
El intervencionismo es una actitud sistemática y abusiva, además de ingerencia, que se ejerce contra un territorio o asuntos de otro país y que afecta la esfera propia de la soberanía de este. La lucha desatada en aquel período por importantes sectores del pueblo dominicano, estaba dirigida a la preservación o restauración de esa soberanía, ya que los principios de independencia, soberanía, y libertad, además de la autodeterminación como pueblo, fueron capaz de desatar los sentimientos de identidad de los dominicanos.
Es en ese marco de referencia, en la que el pueblo dominicano luchó para reconquistar su libertad y soberanía que quiero referirme a la desocupación militar del 12 de julio de 1924, no sin antes explicar brevemente las razones políticas y económicas que provocaron la justificación de la presencia de tropas extranjeras en territorio dominicano.

Las luchas por la dirección del Estado, libradas por grupos caudillistas, caracterizaron los primeros quince años del siglo XX. Estas luchas fueron producto de una economía cada vez más controlada por inversionistas extranjeros, principalmente norteamericanos, y de la profundización de una crisis económica y política que tuvo sus más importantes motivaciones en la deuda externa y los mecanismos establecidos para el pago de la misma.
La inexistencia de partidos modernos, vale decir regidos por programas y principios, llevaron a los dominicanos a una participación política que se manifestaba a través de lo viejos partidos caudillistas, sin principios, programas, ni estructuras, identificados con la imagen, prestigio y la fortaleza personal del caudillo.
El proceso político y el resurgimiento de ese caudillismo, a raíz de la muerte del dictador Ulises Heureaux en 1899, y las luchas desencadenadas por los caudillos a partir de este acontecimiento y hasta 1916, tuvieron relación con la debilidad estructural de un Estado cada vez menos independiente y controlado, a través de diversos mecanismos extranacionales, por el interés político y económico del capital foráneo.
Los ingresos del Estado provenían, en lo fundamental, del comercio exterior. Al no existir una industria nacional, pues la existente había pasado al control extranjero, a los sectores económicos y políticos dominicanos sólo les quedaba como alternativa de movilidad económica y social, el control del Estado y de sus exiguas entradas económicas.
Esa debilidad del Estado, cuyos ingresos fueron controlados por un Receptor de Aduanas norteamericano, y la necesidad de ascenso de los lideres de los partidos caudillistas, motivó la profundización del endeudamiento externo, como forma de financiar las actividades administrativas y el consiguiente enriquecimiento de los grupos hegemónicos dominicanos al interior del Estado.
Esa debilidad estatal y la necesidad de los caudillos por su control, se combinó con la necesidad de expansión del capital norteamericano en Republica Dominicana, generando continuos movimientos políticos internos que enfrentaron y debilitaron los sectores económicos.
En medio de todo esto, la deuda externa iniciada en el siglo XIX, pero consolidada en los primeros lustros del siglo XX, y los mecanismos adoptados para su pago, es decir Modus Vivendi, Receptoría de Aduanas y Convención dominico-americana de 1907, será el medio a través del cual los Estados Unidos de Norteamericana alcanzarán el total control de la vida económica, social y política de Republica Dominicana.

Fue evidente en los conflictos internos la participación del capital extranjero que se iba haciendo preponderante en la economía. Los inversionistas incentivaban, promovían o mediaban en las luchas buscando beneficiarse de la situación de crisis política que se vivía. Unas veces exigían a los gobernantes y los grupos paz para la reproducción de sus capitales y otras la promulgación de leyes y decretos que favorecieran la producción y la obtención de mayores beneficios para sus empresas.
El mecanismo de dominación más peligroso para la existencia del Estado dominicano, fue la Convención Dominico-americana de 1907. Esta Convención consolidó el control de los norteamericanos sobre la sociedad dominicana, quedando el país bajo un virtual protectorado.
En términos políticos, todo el período que va desde la muerte de Ulises Heureaux en 1899 hasta la ocupación militar extranjera, fue una etapa de crisis permanente: en 16 años aproximadamente, el país conoció 14 gobiernos siendo el más duradero el de Ramón Cáceres (1906-1911); los demás fueron gobiernos que sólo controlaron el Estado durante algunos meses.

La situación de conflictos y inestabilidad vivida en todos estos años, provocados por los intereses caudillistas y del capital foráneo, así como la necesidad de los Estados Unidos de controlar la estratégica región del Caribe, en el marco de la Primera Guerra Mundial, y la consiguiente necesidad de expansión de la producción azucarera provocada por esa guerra europea, llevó a esa potencia a tratar de imponer gobiernos y medidas que permitieran la reproducción de los  capitales de sus nacionales en un clima de paz.
Para ese fin, el gobierno de los Estados Unidos presionó al dominicano para reducir el ejército dominicano y para que este colocara las finanzas del país en manos de un representante americano, como forma de garantizar el pago de los empréstitos contraídos.  En 1915 presionaron para obtener el control de las finanzas y el establecimiento de una guardia civil organizada y dirigida por oficiales norteamericanos. La negativa de quien ejercía la presidencia en 1915, el caudillo Juan Isidro Jimenes, provocó, en el marco de un conflicto con sectores militares de su propio gobierno, la presión para la renuncia de este, dando paso a su sustitución por la de Francisco Henríquez y Carvajal.
La salida de Jimenes agravó la crisis. El Receptor de Aduanas comunicó al presidente Henríquez y Carvajal, la decisión de Washington de no entregar más recursos económicos, como establecía la Convención de 1907, hasta tanto no se llegara a un acuerdo sobre la interpretación del artículo tercero de la referida convención. Entonces se le exigió al gobierno:
.- El establecimiento de un Consejero Financiero.
.- El control de todos los ingresos y egresos, incluyendo los contemplados en la Convención de 1907.                                    
.- La completa supresión del ejército y de la guardia republicana.
.- La creación de una policía comandada por oficiales americanos.
.- La reducción del presupuesto nacional, y
.- La revisión de los impuestos que tendían a afectar a los capitalistas extranjeros.

Los Estados Unidos, al comprobar la negativa del presidente Henríquez y carvajal a cumplir las referidas exigencias, decidió ejecutar los planes diseñados para solucionar, de acuerdo a sus intereses, la prolongada crisis que vivía República Dominicana: la ocupación militar del país y la imposición de un Gobierno Militar que facilitara el reordenamiento del Estado, la consolidación del capital foráneo, el desarme de la población y la creación de un ejercito alejado de los intereses caudillistas, condiciones básicas para impulsar la reproducción de los capitales invertidos.
Con esta intervención político-militar americana, que se prolongo por ocho años, el Estado dominicano se convirtió definitivamente en una esfera dependiente del poder y los intereses norteamericanos. El gobierno militar de ocupación tomó un conjunto de medidas para reorganizar el Estado y la sociedad dominicana, aniquilando las bases del caudillismo, a la vez que se convertía en arbitro permanente de los conflictos surgidos entre los partidos, entre ellos y el Estado, y entre el Estado y el poder de los ingenios azucareros, en beneficio siempre de este último sector.
Para lograr todo esto, el gobierno militar realizo reformas que abarcaron la totalidad de la sociedad; implantaron una férrea dictadura militar que incluyó, para evitar la crítica y la desobediencia civil popular, la censura a la prensa, el desarme de la población, y la prohibición a manifestaciones políticas. Entre las principales medidas adoptadas por el gobierno militar, para readecuar el Estado dominicano a sus intereses,  se encuentran:

1.    El desarme de la población civil
2.    El control administrativo de todas las instituciones del estado
3.    La desintegración del ejército y la guardia republicana.
La creación de una policía, organizada, adiestrada y comandada por oficiales norteamericanos
4.    La reorganización del sector educativo;
5.    La creación de un código de salud pública y reorganización de ese   sector.
6.    Creación del Tribunal y Registro de Tierra, así como el establecimiento del sistema Torrens.
7.    La Ampliación de la red de comunicación nacional
8.    Y la Censura permanente a los medios de comunicación.

Además, bajo el amparo del gobierno de ocupación, se terminó de despojar de la tierra comunera al campesinado dominicano, despojo que había comenzado en los últimos años del siglo XIX.  La forma en que se produjo la expropiación de la tierra motivó el levantamiento armado de los campesinos, agrupados en guerrillas locales sin dirección ni programa político, que los americanos y los que les servían en el país, llamaban despectivamente “Gavilleros”.
En el aspecto económico, durante el período de la Ocupación Norteamericana (1916-1924), se produjo un incremento del capital extranjero, especialmente norteamericano, amparado en la legislación del gobierno militar.
En el área de las obras publicas, el gobierno militar construyó 314 kilómetros de carreteras y unos 12  puentes de hormigón, y se construyó un importante puente sobre el río Ozama  para unir la región Este con la capital de Santo Domingo, que esos años se encontraba aislada de esa zona por tierra. En la región Este, especialmente en San Pedro de Macorís y La Romana, se encontraba la mayor cantidad de capitales norteamericanos invertidos en la industria azucarera. La construcción de las vías de comunicación, a través de todo el territorio dominicano, permitió la ampliación del mercado interno y el desarrollo de la industria manufacturera.

La ocupación militar de la Republica Dominicana se prolongó por ocho años. Sectores dominicanos se opusieron por diferentes medios, especialmente a través de las denuncias, mítines y campañas de prensa exigiendo la restitución total de la soberanía perdida, mientras que otros sectores, especialmente los vinculados al viejo caudillismo dominicano, llegaron al entendido conocido como Plan Hughes-Peynado; con este acuerdo Washington puso fin, en un proceso que duró dos años, a la ocupación militar el 12 de julio de 1924.

Como paso para la desocupación, los políticos tradicionales, que tenían interés marcado en ocupar la presidencia de la República, hicieron suyo el derecho de todo un pueblo y sin su consentimiento designaron o “eligieron” a un representante de la burguesía comercial extranjera.
La designación de ese presidente provisional estaba contemplada en el Plan de Evacuación firmado entre los líderes dominicanos y funcionarios norteamericanos.  El 21 de octubre de 1922, luego de “elegido”, Juan Bautista Vicini Burgos tomó posesión de la presidencia, consciente de su papel como representante de los sectores hegemónicos

El gobierno provisional de Juan Bautista Vicini Burgos se prolongó por unos dos años, en medio de la crisis económica que se había iniciado a partir de 1921. El fin de la guerra mundial y de la “danza de los millones”, hacía necesario el aceleramiento de los planes de desocupación militar y los planes, como ya dijimos, contemplaban las elecciones generales de 1924.

En esas elecciones el General Horacio Vásquez resultó electo presidente de la Republica el 15 de marzo de 1924, como candidato de la alianza Nacional-Progresista. Esta alianza llevaba al líder del Partido Nacional como presidente y a Federico Velásquez, del Partido Progresista a la vicepresidencia. El 12 de julio del mismo año, día de la toma de posesión del nuevo gobierno, comenzó la evacuación de las tropas norteamericanas.

Pero, quizás sea necesario ahora preguntarnos y ¿Cuál fue el papel del pueblo dominicano durante estos ocho a favor de la desocupación?
Aunque el movimiento de los gavilleros fue la respuesta militar de un sector de los campesinos del Este a la dominación del capital extranjeros, esta resistencia se concentró fundamentalmente en las zonas de los ingenios del Este y muy esporádicamente en zonas cañeras de Barahona. Pero la lucha de los gavilleros fue desacreditada y de paso aislada del grueso de la población dominicana.  Para que se efectuara la desocupación militar del país fue necesario además, la conjugación de diferentes tipos de luchas políticas con la crisis económica que se comenzó a sentir a principio de los años veinte.

La resistencia de los dominicanos contra la presencia de un gobierno de fuerza y además extranjero, se manifestó de variadas formas, siendo los hechos más violentos los escenificados por un puñado de valientes en la región del Cibao. En La Barranquita, un lugar cercano a Mao, unos 80 nacionalistas, encabezados por Máximo Cabral se enfrentaron a unos 800 marines norteamericanos muriendo veinte y seis de los dominicanos y un soldado americano.
En San Pedro de Macorís, un joven llamado Gregorio Urbano Gilbert se enfrentó a varios marines en un hecho en el que murió un oficial de ese cuerpo. Por ese incidente Gilbert fue encarcelado, después de meses de persecución y condenado a muerte, aunque al final la pena fue conmutada por cadena perpetua.
Además, la zona azucarera del Este y Barahona fueron escenario de las luchas de los campesinos llamados “gavilleros”. Este movimiento guerrillero, mal armado y sin dominios de las artes militares, enfrentó por largos meses las tropas norteamericanas, en un afán por evitar la expropiación de la tierra de parte de las grandes corporaciones azucareras.
Por otro lado, el movimiento cívico de resistencia contra el gobierno militar, fue organizado por la Unión Nacional Dominicana y por las Juntas Nacionalistas. La UND fue el instrumento político más importante en la lucha por la independencia del país. Este movimiento aglutinaba a personalidades y políticos de todas las tendencias políticas. A la UND y las Juntas les tocó organizar la resistencia interna, junto a otras organizaciones nacionalistas, mientras que en el campo internacional se destacaron varias instituciones, pero en especial la Comisión Nacionalista que dirigía Francisco Henríquez y Carvajal y otros intelectuales y periodistas dominicanos.
Combinados con el Interés de la Unión Nacional Dominicana o la Unión Nacionalista como también se le conoció, tuvo un importante papel en las denuncias el periodismo nacional.
En cuanto a la Iglesia católica, esta se enfrentó varias veces con el Gobierno Militar Americano. Algunos sacerdotes, como el Padre Mena, fueron apresados y se pronunciaron públicamente a favor de la desocupación. Iglesia y Gobierno Militar se enfrentaron también en torno a la libertad de culto y a la penetración del protestantismo en la escuela, pero el caso más sonado lo constituyó el cruce de cartas, en diciembre de 1919, entre el Arzobispo Alejandro Nouel y W. W. Russell, Ministro de los Estados Unidos, en las que el prelado hizo duras críticas a todo lo que significó la ocupación militar
Fue notable en la resistencia por la desocupación, la lucha de las mujeres dominicanas.
Por ejemplo, el 26 de noviembre de 1919 se formó en Nueva York el Comité de Damas pro Santo Domingo, con el propósito de hacer propaganda por todos los pueblos de América y de Europa por la restauración política de la Republica Dominicana. En la noche del día indicado, tuvo efecto el acto de instalación. Las damas dominicanas que formaron la dirección del Comité, fueron las señoras Julieta P. McGrigor, Catherine de Cocco, Alicia Gutiérrez de Cestero y las señoritas Mercedes Mota, Mercedes Benedicto e Isabel López con la asistencia de los señores Pablo E. López, Turcy  Robiou, Rafael Rodríguez, José Luis Betancourt, Alfredo Ortiz Vargas y Manuel F. Cestero.  El Comité de Damas formuló el plan de la campaña y dirigió una circular contentiva de sus propósitos a favor de la salida de las tropas extranjeras del territorio dominicano. También fueron importantes en los propósitos nacionalistas los trabajos de denuncia realizada por la colonia dominicana residente en Nueva York_ En una carta dirigida al dirigente obrero dominicano Eugenio Kunhardt, quien participó en la Pan American Labor Conference, del 7 de julio de 1919, la colonia dominicana residente en Nueva York, le pidió a este  que solicitara en ese congreso, la investigación sobre los hechos denunciados en un largo informe sobre la situación dominicana y la ocupación militar : La colonia dominicana de Nueva York celebró varias veladas, como parte de sus actividades a favor de la desocupación del país.  La primera fue realzada en el Hotel Waldorf Astoria el 16 de agosto de 1919 en conmemoración de la restauración política de la Republica

Las denuncias puestas a circular por las Juntas Nacionalistas, la Asociación de la Prensa, la Unión Nacional Dominicana, y la Comisión Nacionalista sobre lo que estaba aconteciendo con la presencia militar extranjera en todos los pueblos del país, levantó un movimiento de protestas y reclamaciones al gobierno de los Estados Unidos para que pusiera fin a la ocupación. Según Luis F. Mejía, en los Estados Unidos se levantaron voces desinteresadas, en solicitud de justicia para el pueblo dominicano y de la restauración de nuestra Independencia: En la Habana, Cuba, los amigos del pueblo dominicano realizaron colectas para financiar los trabajos de la Comisión Nacionalistas que viajó a Washington y a Versalles, a denunciar la ocupación.

Las gestiones de los amigos del pueblo dominicano en los Estados Unidos, también resultaron provechosas para la causa dominicana. La prensa americana prestó atención a la situación dominicana, como lo explica Fabio Fiallo, en su libro La Comisión Nacionalista en Washington

Las primeras actividades de denuncia organizadas fuera del país fueron las realizadas por cubanos y dominicanos, en La Habana, y encabezada por Francisco Henríquez y carvajal para viajar a Versalles y Washington a denunciar la situación provocada a la Republica Dominicana con la Intervención militar norteamericana. Los comisionados para esa visita donde se iba a discutir el fin de la Primera Guerra Mundial, eran el propio Francisco Henríquez y Carvajal y su hermano Federico, Max y Pedro Henríquez Ureña, hijos del primero, así como Tulio M. Cestero y Fabio Fiallo.
Con los fondos obtenidos por los cubanos amigos del pueblo dominicano, quienes habían constituido un Comité Central Pro-Santo Domingo, viajó Francisco Henríquez y Carvajal a París a demandar ante la Conferencia de Versalles la restauración de la soberanía de República Dominicana, pero sus gestiones, aunque se realizaron reuniones con personalidades y se denunciaron en algunos medios lo que estaba pasando en el país, no dieron todos los frutos esperados. 
Desde Paris Francisco Henríquez y Carvajal viajó a Washington donde constituyó a finales de 1919, la Comisión Nacionalista Dominicana lideradas por Henríquez y Carvajal, Tulio M. Cestero, y Max Henríquez Ureña.  Francisco Henríquez y Carvajal actuaba como presidente de jure de la Republica Dominicana. Las actividades de la Comisión comenzaron en septiembre de 1919 con conferencias y reuniones con funcionarios del Departamento de Estado, quienes no le reconocían su condición de presidente.
El poder de discusión de la Comisión Nacionalista Dominicana solo se hizo determinante cuando en el país se fue organizando la protesta contra la presencia extranjera y en el exterior se desarrollo una campaña de prensa pidiéndole a los Estados Unidos la desocupación de la Republica Dominicana.
Aunque hubo quienes llegaron a plantear la lucha armada para expulsar las tropas norteamericanas del país (T. A. Cestero Burgos, por ejemplo, llegó a plantear “Pueblo: cree firmemente en que disfrutaras de una libertad real, cuando la haya conquistado con sangre…? Has visto alguna vez en la vida de los pueblos que la libertad se haya conseguido con palabras? Nunca…Siempre con el filo del acero…sobre montones de cadáveres”).  Francisco. Henríquez y carvajal y la Comisión que presidía eran partidarios de las luchas pacificas para lograr la salida de las tropas norteamericanas. Su posición fue externada el 27 noviembre de 1921 en un discurso pronunciado en un encuentro organizado por  la Asociación de Jóvenes Dominicanos, en Santiago de los Caballeros. Como crítico de los que planteaban una salida de confrontación armada, dijo: “Estamos acostumbrados a la guerra y tenemos una historia de guerras. Nada más fácil para el dominicano que empuñar las armas y esgrimirlas sin miedo a la muerte”.

La Comisión Nacionalista llegó a sugerir, en 1919, la constitución de una Junta Consultiva, entendiéndola como paso previo para preparar la desocupación militar de Santo Domingo y asesorar al gobierno militar en la elaboración un conjunto de reformas políticas y administrativa. El gobierno americano aceptó y creo la referida Comisión Consultiva sin señalarle específicamente sus funciones, que eran la de preparar la restauración de la nacionalidad. Su labor de asesoría no fue de mucha utilidad por encontrarse en una posición falsa y desairada.

Aunque muchos profesionales, hombres de negocios y ciudadanos se prestaron a la colaboración con el régimen extranjero que gobernó la Republica Dominicana entre 1916 y 1924, una gran parte de la sociedad se fue organizando en las instituciones creadas para orientar y ejecutar las luchas por la soberanía nacional.  Entre las organizaciones más representativas del período podemos se encontraban las Juntas Nacionalistas y la Unión Nacionalista Dominicana.
Las Juntas Nacionalistas comenzaron a aparecer en la región del Cibao, comenzando por San Francisco de Macorís, Santiago, Tamboril, Puerto Plata y Moca;  celebrándose en esta última la primera protesta pública planificada por la Junta contra la Ocupación. La primera Junta Nacionalista se instaló en la residencia de Manuel María Castillo, en San Francisco de Macorís, el 1º. De diciembre de 1919, por iniciativa de Luis F. Mejía, con el propósito de “luchar por todos los medios por la restauración de nuestra independencia absoluta.
Durante la Semana Patriótica, organizada por el nacionalismo y la Prensa a mediado de junio de 1920, las Juntas Nacionalistas organizadas en los pueblos, se destacaron en la actividades, pues estas se constituyeron en la estructuras de participación de los que estaban a favor de la desocupación militar. El resultado de las recaudaciones realizadas por las Juntas, fueron entregados a la Comisión Nacionalista para la denuncia de la situación dominicana en Washington y otros países:

En cuanto a la  Unión Nacional Dominicana, a la que también se le conocía como Unión Nacionalista Dominicana, se constituyó como frente de masa que aglutinaba personalidades de diferentes tendencias ideológicas, desde los más radicales que exigían la “desocupación pura y simple”, hasta líderes de los partidos caudillistas. Estos últimos se encontraban en receso y rara vez protestaron la situación de dominación extranjera que se estaba viviendo: Los objetivos perseguidos por esta organización, fueron planteados en una proclama pública que apareció en algunos periódicos y revistas. Los líderes de la Unión Nacional Dominicana fueron: Emiliano Tejera, Licdo. Enrique Henríquez, Dr. Américo Lugo, Andrés Pérez, Antonio Hoepelman, Emilio A. Billini, Fabio Fiallo, Licdo. Armando Pérez Perdomo, y . Manuel  A. Machado.      

Si bien es cierto que la represión a la prensa, la persecución contra los “gavilleros”, el fin de la primera guerra mundial, y la crisis económica que se estaba viviendo a partir de 1920, fue determinante para la desocupación militar, esa decisión no hubiera sido posible sin la campaña de protestas de los periodistas. Las denuncias y las protestas solidarias de instituciones, personalidades y medios informativos de América Latina, Europa y Estados Unidos, van a incidir poderosamente para que, por lo menos intencionalmente el Gobierno Militar permitiera algunos niveles de críticas contra las autoridades.  Por esa campaña : “A partir de noviembre de 1919, quienes ejercían la censura mostrarónse más transigentes. Se comenzaron a publicar artículos contra la ocupación, reclamando la devolución de la soberanía perdida.
Las protestas en el exterior, impulsadas por la Comisióna Nacionalista Dominicana se dejaron sentir en Cuba, México, Brasil, Uruguay, Argentina y los Estados Unidos de Norte América.  Internamente, las protestas se organizaban y dirigían a través de la Unión Nacional Dominicana y las Juntas Nacionalistas, las que más se destacaron en las jornadas patrióticas por la desocupación; pero también las organizaciones culturales, como El Paladión, los Postumistas y Plus Ultra se mantuvieron muy activos llamando a la desobediencia y apoyando todos los actos que tendieran a la desocupación del país.
Tal vez el acto cívico popular más importante celebrado en las principales ciudades del país, lo constituyó la Semana Patriótica. Esta fue una jornada de luchas civilista contra la ocupación americana celebrada a mediado de junio de 1920, y encabezada por las Juntas Nacionalistas, la Unión Nacionalista Dominicana, el periodismo nacional y otras organizaciones, las mujeres y los intelectuales nacionalistas. La idea de celebrar esta jornada patriótica surgió en Santiago, tuvo como objetivo principal la recaudación de recursos económicos que luego se utilizaron en la denuncia internacional de la presencia militar de los Estados Unidos y a favor de la desocupación del territorio dominicano. La Revista Renacimiento, cuyo director fue luego apresado, juzgado y sacado del país, trajo el siguiente editorial llamando a la participación en la Semana Patriótica: “Todos, no haya exclusiones; TODOS debemos hacer acto de presencia en estas hermosas fiestas. Ya del Cibao y San Pedro de Macorís han rendido optimos frutos; la cuantía de la dádiva en este caso significa o puede interpretarse como un ansia recóndita hasta no ha mucho, que sube ahora a flor de labios. El país ha menester de su libertad, y lo demanda así, testimoniando que su querer es ver a la Patria sin yugos, encaminándose por virtualidad de su propio querer hacia donde ha sido su aspiración encaminarse.
Los actos fueron organizados de manera que no se vieran en ellos el interés de intranquilizar la paz publica ni como signos de rebelión. Fueron celebradas veladas públicas, retretas, funciones teatrales, y ceremonias religiosas en las cuales estuvo presente el patriotismo dominicano.
Este evento patriótico, la Semana Patriótica, el más significativo celebrado en Republica Dominicana para protestar cívicamente, recaudar fondos e impulsar la campaña por la desocupación militar del territorio dominicano, se celebró aprovechando las intenciones de apertura, pero desafiando la discreta represión del gobierno: Por ejemplo, fue  celebrada una solemne e imponente misa y el “beso a la bandera” en el Baluarte “27 de Febrero”, el día 20 de junio, con una nutrida concurrencia y luego los participantes, unos 5,000, caminaron por la calle El Conde en completo orden.  La reseña de la prensa trajo la siguiente crónica sobre aquella jornada: “Mujeres, niños, ancianos, de todas las clases sociales, urbanos y rurales, concurrieron a todos los actos cívicos en medio del orden más completo, dando cada cual lo que su fortuna le indicaba: éste  sus dólares, el otro sus joyas, hasta reunirse en la Semana Gloriosa más de $100,000 que representan para aquel pueblo pobre grandes sacrificios.  El acto más importante, el más patético, fue la misa celebrada en el atrio de la Puerta del Conde. (..). En medio de una multitud de más de 5 mil personas, el Padre MENA, sacerdote dominicano, dijo con unción evangélica la misa. Toda aquella multitud permaneció arrodillada guardando absoluto silencio durante el sacrificio.

Otras jornadas importantes sucedieron a partir de los últimos meses de 1920. Fue a partir del segundo semestre de ese año y los primeros meses de 1921 el período más ardoroso de la lucha contra la Ocupación de los Estados Unidos. Una resuelta falange de oradores y periodistas se lanzó contra las amenazas de la censura, para atacar con violencia inesperada los manejos del Gobierno Militar hacia el Protectorado, y alentar al pueblo contra toda maniobra “transaccionista”. Ya comenzaban los que habían permanecido en silencio, llevando una vida discreta y de sumisión al Gobierno Militar, así como los viejos lideres caudillistas, a dar muestra de, si se efectuaba la desocupación que se venía rumorando, convertirse en los representantes del pueblo dominicano.
Por otro lado, los periodistas dominicanos fueron de los sectores organizados, los que más se arriesgaron en sus luchas. El acontecimiento más importante celebrado por los periodistas en el camino de la desocupación fue el Congreso de la Prensa, el cual fue celebrado en la Sala Capitular del Ayuntamiento.  Este evento, que reunió a la casi totalidad de los medios de comunicación del país, fue inaugurado el 20 de noviembre de 1920 y finalizó a mediado de enero de 1921, en medio de los intentos del gobierno militar por impedirlo. La constitución del Congreso fue anunciada y acogida por la mayoría de los medios informativos y publicada como opúsculo el 25 de noviembres, impreso en la imprenta del Listín Diario:

El presidente del Congreso lo fue Horacio Blanco Bombona, director de Letras y el vicepresidente Fabio Fiallo, delegado de El Progreso.  En este foro de denuncia los que más se destacaron fueron: El Tiempo, el Listín Diario, La Información, Patria, La Bandera Libre, El Heraldo Dominicano, Las Noticias, Letras, El Domingo, El Diario, El Independiente y Cojanlo, y fue visible la presencia de los lideres de las organizaciones culturales quienes participaron representando periódicos y revistas. Por ejemplo, Moreno Jiménez y Rafael Augusto Zorrilla del postumismo, así como Francisco Prats-Ramírez de Paladión fueron delegados al Congreso de la Prensa

En 1921 el movimiento contra la intervención tomó auge debido a la grave crisis económica que comenzó a estremecer la industria y el comercio, pero a la vez que aumentaban las protestas se hacía más común el apresamiento de periodistas y hombres del pueblo.  Estos apresamientos provocaron, según Fabio Fiallo, una más sólida reacción de la solidaridad internacional: “La más fuerte reacción que hasta entonces se hubiese oído contra el Gobierno de los Estados Unidos. Iniciada desde La Habana por el Dr. Modesto Morales Díaz, Presidente de la Asociación de la Prensa, en  menos de una semana se extendió como gigantesca ola de fuego por todo el continente.  La presión internacional, las propagandas y actividades internas, la desobediencia civil de los periodistas y los intelectuales, y la crisis económica que se profundizaba día a día con la caída de los precios en el mercado internacional, llevaron al presidente Wilson a proponer a la Comisión Nacionalista que lo visitó en Washington el famoso “Plan Wilson”, que dejaba el país bajo un virtual protectorado, por lo que fue inmediatamente rechazado.

El Plan Wilson, conocido con este nombre por haber sido propuesto por Thomas Woodrow Wilson (presidente de los Estados Unidos desde 1912 y reelecto en 1916), planteaba una rápida retirada de las tropas norteamericanas de Santo Domingo, creaba una Junta de Representativos que prepararía la reforma a la constitución, la que convocaría a las elecciones de la Asamblea Constituyente que elegirían las cámaras para que estas eligieran el nuevo presidente. La convocatoria para todo esto tenía que ser hecha por el Gobierno Militar. La propuesta fue rechazada por la Unión Nacional Dominicana y la Comisión Nacionalista que discutía en Washington los asuntos referentes a la salida de las tropas norteamericanas de la Republica Dominicana, por entenderse que el Gobernador Militar no tenía facultad para convocar el congreso ni las elecciones.

Al finalizar el gobierno del presidente Wilson, el nuevo mandatario de los Estados Unidos, dio a conocer lo que se conoció como El Plan Harding_ El mismo fue dado a conocer a los dominicanos a través de una proclama firmada por el Gobernador Militar de Santo Domingo, Contralmirante Samuel S. Robinson, el 14 de junio de 1921: “Por cuanto la Proclama del Gobernador Militar de Santo Domingo, de fecha 23 de Diciembre de 1920, dio a conocer al pueblo dominicano el deseo del Gobierno de los Estados Unidos de dar principio a sencillos preparativos precursores de su rápida retirada de las responsabilidades que con relación a los asuntos dominicanos asumirá; y por Cuanto antes de ponerse en práctica la retirada e los Estados Unidos, es menester que exista en la República Dominicana un Gobierno debidamente constituido para que se reanuden en una forma ordenada las funciones de gobierno.

El plan incluía la función de ejecutivo del Gobernador Militar, con todas las prerrogativas para convocar el Congreso, los Colegios Electorales y nombrar representantes para negociar la Convención de desocupación militar del país. La Convención se encargaría, de acuerdo al Plan, de ratificar los actos del gobierno militar, y dejando en suspenso la Comisión Consultiva que había sido nombrada el 23 de diciembre de 1920.

En diciembre de 1921 se constituyó un Comité Restaurador, como representación de la opinión publica nacional, bajo la presidencia del doctor Henríquez y compuesto por los Jefes de los Partidos, el Jefe del Clero Nacional, el Presidente del Congreso Masónico, así como por delegados de la Unión Nacional, de las Juntas Nacionalistas, del Congreso de la prensa, de la Junta de abstención electoral, de las organizaciones obreras y de las agrupaciones de carácter publico que tuvieran una organización nacional. El propósito de este Comité era el de discutir y tomar resoluciones sobre el proceso electoral, que ya se veía claro, era de interés del gobierno de los Estados Unidos.
Al final los caudillos, algunos de los cuales mantenían contactos con la Unión Nacional Dominicana y las Juntas Nacionalistas, fueron abandonando estas organizaciones patrióticas para entenderse directamente con el poder extranjero. Se alejaron de los nacionalistas porque estos sustentaban la posición de la “desocupación pura y simple”, y firmaron con el gobierno americano el Plan Hughes-Peynado, que fue el que en definitiva convino a los intereses foráneos. Sin embargo, con la aplicación de este Plan el país fue paulatinamente alcanzando su soberanía, lo que vino a suceder en 1924; pero la soberanía que iba a ser alcanzada estaría limitada por la dependencia económica, militar y política del Estado dominicano a los Estados Unidos de Norteamérica. De todo modo, el interés puesto por los Estados Unidos para comenzar seriamente a plantear la desocupación, estaba relacionado con la crisis económica que se había comenzado a dejarse sentir desde principio de 1920.
Al finalizar la Primera Guerra Mundial terminó la “danza de los millones” y una crisis económicas sin precedentes en esos años comenzó a afectar la economía dominicana; esta crisis incentivó los niveles de protestas de los sectores intelectuales de la burguesía y la pequeña burguesía y de los sectores nacionalistas que se habían agrupados en la Unión Nacional Dominicana, junto a sectores intelectuales.
A partir de 1921 se iniciaron las negociaciones para la desocupación del país, hasta llegar al entendido de evacuación que se conoció como Plan Hughes-Peynado.  Con la firma de este tratado, se instaló un gobierno provisional encabezado por un comerciante ligado a la producción azucarera, Juan Bautista Vicini Burgos, quien se encargó, asesorado por los americanos, de organizar y celebrar las elecciones presidenciales de 1924.
Aunque los nacionalistas hicieron un gran esfuerzos para mantener la dirección de las luchas, planteando la desocupación “pura y simple”, las negociaciones para la desocupación del país, como hemos visto, ya estaban en manos de los “representativos” de la política dominicana, los que viajaron a Washington y discutieron con el gobierno militar en el país, llegando a un “entendido” para evacuar las tropas y volver a la independencia. El resultado de esas negociaciones se publicó en la prensa nacional el 13 de septiembre de 1922, pero ya habían sido aprobadas en Washington el 30 de junio del mismo año. El Plan no se publicaba por sugerencia de “los representativos” para evitar que la población se enterara de los detalles, ya que la opinión pública estaba escandalizada con lo que decían los propios funcionarios americanos sobre el Entendido de Evacuación: “La víspera de regresar ellos a su país, el Ministro americano en Santo Domingo (…) dio a la prensa notas básicas del instrumento en cuestión que soliviantaron la opinión de tal manera que se llegó a intentar el incendio de puentes de la carretera central por donde debían pasar los “Representativos”, quienes en dirección hacia la capital, desembarcaron en el noroeste de la isla. Enfáticamente negaron estos que lo publicado por el Ministro fuera el verdadero, el autentico Plan, e inmediatamente principiaron campaña a su favor.

Las negociaciones fueron encabezadas por un hombre vinculado a los intereses económicos y políticos de los norteamericanos, el licenciado Francisco J. Peynado, sustituyendo en esas gestiones a Francisco Henríquez y Carvajal, quien se mantuvo en una aptitud más acorde con el interés nacionalista. En las negaciones iniciadas por Peynado en Washington con Summer Welles y el Ministro Americano en Santo Domingo, W. Russell y que al final terminaron con el acuerdo de evacuación,  también participaron: Horacio Vásquez, Federico Velásquez, Elías Brache y Monseñor Adolfo A. Nouel,. Este acuerdo fue conocido como Plan Hughes-Peynado, por haber sido los dos negociadores más importantes, el licenciado Francisco J. Peynado y  el Secretario de Estado Norteamericano Charles Evans Hughes, los que asumieron la mayor responsabilidad del mismo:


El memorando del Entendido de Evacuación firmado en Washington, el 30 de junio de 1922, contemplaba  que el Gobierno militar anunciará que se instalará un gobierno provisional con el objeto de promulgar la legislación que regule la celebración de elecciones y provea la reorganización de los gobiernos provinciales y municipales, a fin de capacitar al pueblo dominicano a hacer las enmiendas a la Constitución y que el Gobierno Provisional asumirá los poderes gubernativos y será único responsable de sus actos.
Este Plan fue ejecutado eligiendo los firmantes del Entendido de Evacuación, al presidente provisional Juan Bautista Vicini Burgos, quien se encargaría de ejecutar los acuerdos firmados, siempre asesorado por Summer Welles y el grupo de “representativos,” y preparar todo lo relativo a las elecciones que debían ser celebradas en 1923, pero fueron celebradas el 15 de marzo de 1924, triunfando el General Horacio Vásquez. Casi 4 meses después, el 12 de julio de 1924, en un solemne acto celebrado en la Fortaleza Ozama fue izada la bandera tricolor y bajada del asta del recinto militar la bandera de las barras y las estrellas y entonando el himno nacional de los dominicanos volvíamos a la libertad, a la independencia y la soberanía. Muchas gracias.

 

 

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