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¿Por qué Duarte...por qué Santana? en el proceso de Independencia

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¿Por qué Duarte...por qué Santana?, en el proceso de Independencia. Por qué la reacción de los duartistas fue subversiva frente al triunfo de Santana? Por qué los trinitarios no fueron a Azua?

(El presente trabajo es un  extracto del tomo segundo, capítulo I, de la obra “LA REPÚBLICA DOMINICANA Y HATÍ: LA HITORIA SECUESTRADA (1811-1963)” actualmente inédita, con registro de derecho de autor, y se publica por primera vez en www.historiadominicana.com.do, con autorización de su autor, el doctor Bolivar Batista del Villar).

                                                            

Si  bien el 27 de febrero  sigue siendo la fecha simbólica de la independencia, más por el  hecho  de haberse realizado en la capital  que por los efectos que tuvo en la real independencia ( todavía el 28 de febrero  el Acta de Capitulación, se fechaba diciendo “año 41 de la Independencia y 2º.de la Regeneración” que son aniversarios haitianos ) el 19 de marzo de 1844 fue, por el contrario, la fecha  que delimitó  el campo de batalla donde se dirimió la controversia y es por  mucho la “raya de Pizarro” que traza la separación para siempre  de Haití y la República Dominicana. Dos cañones encontrados  al azar por el olvido de la tropas haitianas en su retiro hacia Haití, quinientos  robustos monteros  mal armados que acompañaron a Santana , llenos de valor y de deseos de  defender la patria, y unos cuantos azuanos y sureños voluntarios( mujeres con tizones y calderos de agua hirviendo), conformaron un ejercito improvisado de menos de tres mil hombres que fueron suficientes para  desbandar las huestes  haitianas, integradas, en su avanzada ,  por  unos veinte mil hombres , súper armados y con ganas de pelear. Tres horas de guerra y cientos de muertos haitianos asolaron los guazabarales de Azua. Los perros cazadores de ganado cimarrón entrenados  en el Seibo hicieron lo demás: perseguir a los vencidos hasta el rio Jura, lejos de Azua.

La victoria de Azua, habría de cambiar rotundamente la correlación de fuerzas entre las que hoy llaman “fuerzas conservadoras” (encabezadas por Bobadilla) y las “fuerzas liberales” (encabezadas por Duarte); y estas ultimas, que ya habían perdido la partida el 27 de febrero, y que estaban en vías de desaparición desde el auto-exilio de Duarte en junio  de 1843, verían alejarse para siempre la posibilidad de acceder al poder, después de la batalla; pero la República conquistaría su Independencia también para siempre. Y ese será el doble resultado eterno de la batalla de Azua.  Por eso hoy se pretende estigmatizarla -degradándola a nivel de escaramuza- como un resabio, lo cual también hizo Emiliano Tejera en 1894, convirtiéndola casi en una derrota, haciendo espacio para elevar a Duarte al estrellato. Este resultado no se acepta, sin embargo, sin antes tratar de desacreditar y desestabilizar el proceso con maniobras golpistas. Sorpresivamente un grupo de militares (55 oficiales) que permanecían ocultos, y que no respondieron al llamado de la Plaza para el viaje suicida hacia el Sur –denominándose “Oficialidad del Ejército de Santo Domingo”- trato maniobrando de apoderarse del Poder Militar, y  solicito ascensos para si, sin haber estado en el frente (31 mayo 1844). A la cabeza de los ascendidos estaría Duarte, vocal de la Junta, y jefe de la maniobra, para designarle con el grado de General de División. Pero la petición fue hábilmente denegada por la Junta, que solo consintió el ascenso a General del Coronel José Joaquín Puello, quien fungía en ese entonces como Jefe Militar de la Plaza.

La retirada estratégica de Santana la noche del 19 de marzo con todos los habitantes y provisiones de la ciudad de Azua, buscando resguardo detrás de las lomas de Sabana Buey, dio el segundo pretexto para que los Trinitarios, todavía ocultos, pasaran a la ofensiva contra Santana. Aprovecharon el hecho para  hacer correr la voz de que Santana estaba “juio’. Y hay un un dato revelador, el malestar creado con el rumor  fue de tal naturaleza que  Duarte no firmo el comunicado de fecha 21 de marzo de la Junta dando cuenta del triunfo de las armas dominicanas en Azua, y, por el contrario, aprovecho la circunstancia y logro ese mismo día su nombramiento como co-jefe del Ejercito del Sur, por encima de Duverge, Lucas Díaz, Matías de Vargas, Valentín Alcántara  y otros aguerridos generales que ya tenían experiencia de guerra y meritos acumulados y que habían demostrado gran destreza. La llegada de Duarte al campamento, acompañado de apenas 14 hombres, prácticamente una patrulla, adornado, sin embargo, con el rango de General de División (Santana solo era General) despertó, como era natural tratándose de un novicio, además de la incomprensión de la medida, todas las sospechas de la tropa que no comprobó que se hubiera cometido falta alguna, y Santana, poseído de un gran instinto, no mordió el anzuelo, pero sobre todo no cayo en la tentación de aventurarse  a atacar el campamento de Herard, lo que de haber hecho pudo significar el desastre y la toma de la ciudad de Santo Domingo, pues Herard, hecho ignorado por los dominicanos, había sido reforzado el día después de la batalla por las tropas del General Souffront ( 10, 000 soldados frescos y bien armados), que llegaba con retraso al frente de guerra, después del primer encuentro, tras superar las dificultades belicas iniciales al cruzar la frontera.

Duarte, ante el fracaso de su misión, pues no logro convencer al Estado Mayor de Santana de su plan de ataque, fue retirado por la Junta del frente de guerra, mediante oficio de fecha 4 de abril, apenas siete días despues de su llegada. Charles Herard, que había ocupado la abandonada ciudad de  Azua el 21 de marzo, fue derrocado por su pueblo el 3 de mayo, retornando a Haití el 9 de mayo, tras haber incendiado la ciudad. Santana traslado entonces su cuartel a la ciudad de Azua el día 20 de mayo.
El hecho de que la primera batalla se desarrollara en una ciudad portuaria obligo y facilito a la vez  la improvisación de una flotilla naval de guerra, para impedir el abastecimiento de los contrarios,  y ya para el mes de abril, el día 15,apenas un mes después de la batalla terrestre,  se había desarrollado la primera batalla naval entre Haití y la República Dominicana, venciendo  en ella nuestra improvisada flotilla al mando de los marineros italianos Cambiazo y Maggiolo, lo cual consolido la victoria terrestre y valido la estrategia del retiro de Santana.

El triunfo de Azua repercutió favorablemente en Santiago, donde se distribuyo un volante impreso por la Junta Gubernativa anunciando los hechos victoriosos dominicanos y la muerte de Charles Herard  a quien se creyo  muerto  en combate, al confundirlo con el General Hector, super adornado de medallas como estaba,  por lo que el General Pierrot, sucesor de aquel en la línea de mando, enterado del suceso por el volante que le fue mostrado por el General Imbert, decidió que su presencia en Haiti era mas importante y emprendió su retirada, aprovechando una tregua concertada hasta el dia siguiente, y sin esperar el amanecer, durante la madrugada, dejo precipitadamente abandonado el campo de batalla, cubierto no solo de pertrechos y utensilios sino también de sus propios muertos y heridos, cuando apenas empezaba a desarrollarse la batalla.

Entretanto , en la capital, ocurría otro intento de apoderamiento del poder por los duartistas, el cual consistió en decretar la sustitución innecesaria de Santana en el mando de las tropas del Sur, en fecha 3 de julio, aprovechando una vieja solicitud de licencia por enfermedad  cursada por el, la cual prácticamente ya había  quedado sin efecto por innecesaria, y designando en su lugar al duartiano Coronel Esteban Roca, oficial español que ocupaba el cargo de Comandante de San Cristóbal, pasándole con dicho nombramiento por encima a Duverge, lo que provoco, esta vez, el rechazo tajante (insubordinación)  del Ejercito del Sur contra la inoportuna maniobra.

A partir de ahí,  la consigna fue, entonces, no dejar entrar a Pedro Santana a  la ciudad al mando del ejercito, hasta Sanchez y Manuel Jimenes negociaron con el en San Cristobal para persuadirlo, pero ¿Por qué? Luego Duarte, ante tantos tentativos fallidos, decidió pasar a la acción insurreccional directa, y proclamarse, asistido de Mella , Presidente a su llegada  a Santiago, en funciones de Delegado de la Junta, el día 4 de julio de 1844, lo que significaba un Golpe de Estado para la misma, o lo que es lo mismo el desconocimiento de sus funciones.

Pero ya antes, el 9 de junio, y a la cabeza de negros africanos, ex -esclavos, de temperamento revoltoso, reclutados en la otra orilla del Ozama, que ya antes, temerosos de perder su libertad , habían manifestado su oposición a la independencia, esta vez incitados a la lucha  por Duarte, contra un supuesto proyecto esclavista de la Junta, persiguieron lidereados  por su guía a Bobadilla, a Caminero , a Buenaventura Báez, a Manuel Delmonte, etc., produciendo el primer golpe de estado dominicano bajo el estribillo de ¡muerte a los traidores!, provocando el asilamiento diplomático precipitado de estos, se dice que advertidos del peligro por Sánchez, en el Consulado de Francia ( primer asilo político de la historia dominicana, y tal ves de América, dando lugar a una de la instituciones de Derecho Publico Americano de mayor prestigio el “derecho de asilo diplomático”, institución que luego habría de ser de primer orden en la historia y el derecho del continente hasta nuestros días), colocando a Sanchez  en funciones de Presidente y a otros simpatizantes suyos como miembros, produciéndose ese día, el 9 de junio de 1844, lo que el Cónsul francés Saint Denys en su informe al Ministro Guizot, de fecha 1ro. de julio de 1844, denominara como el “18 brumario dominicano”, aludiendo al símil napoleónico de asalto al poder y disolución del Directorio ocurrido el 9 de noviembre 1799 en Francia, pretextando un complot jacobino, que condujo al genio militar francés a convertirse en dictador. Estuvo encargado de llevar a cabo la orden de arresto o ejecución contra los miembros de la Juna previamente individualizados, el banilejo Capitan Pedro Valverde y Lara, uno de los firmantes de la petición de ascenso del  26 de mayo anterior, y a quien luego se vera ejecutar en la capital  el Golpe de Estado contra Ulises Fco. Espaillat ( 1876).

Este episodio dominicano, se convierte extrañamente en el episodio mejor documentado, pero el más ignorado, de la historiografía dominicana. Paradójicamente, algunos de los documentos de mayor trascendencia al respecto se encontraron en el Archivo de Duarte, trasmitido por su hermana Rosa, después de su fallecimiento.

La historiografía  oficial , basada originariamente en la obra del Lilisista Don Jose Gabriel Garcia -1894- , y del pro-norteamericano e historiador oficial de Trujillo,  Dr. Bernardo  Pichardo -1921-  apenas se refiere al hecho sin entrar en sus detalles y consecuencias, por lo cual no fueron conocidos y ponderados  en el reclamo de Don Emiliano Tejera (1894) para que Lilis proclamara el patriciado,  como tampoco lo fue para el  tiempo en que el dictador Trujillo rendia honores con motivo de la  conmemoración del Centenario de la Independencia y decretaba la conformación del Altar de la Patria, pero los mismos, no cabe duda, constituyen el lunar negro de la historia duartiana, porque vienen a revelar la lucha de intereses en que este se debatía de frente a la República desde sus inicios, la cual, desde luego, fue posteriormente asumida por los estratos sociales superiores y aun no ha cesado todavía. Pero también rebela la falta de fe duartista en la Democracia, arremolinados sus seguidores como un dragón de fuego contra el primer gobierno libremente escogido la noche del 27 de febrero; insinceridad demostrada, además, por quien se suponía dechado de virtudes civiles y estar impregnado de su espíritu, en su condición de jefe del ala liberal. No hubo, en aquel momento, ni siquiera la paciencia necesaria para esperar que una constituyente definiera los perfiles del nuevo Estado, sino que anticipadamente se  quiso imponer un régimen presidencialista, y uni -personal, que al ser antojadizo y violento se convirtió en cuna del caudillismo dominicano, de tan nefasta tradición a lo largo de nuestra historia. Y es inútil tratar de justificar dicha perniciosa actitud con el alegato de que se trataba de defender la República de una alegada entrega o venta a los franceses, pues este fue un  argumento falaz inventado para la ocasión, como ya se vera y se demostrara  posteriormente, cuando la propia Junta tuvo que ratificar su decreto de abolición de la esclavitud y dar pruebas de que no se había operado cesión alguna de parte del territorio. Y cuando al ventilar el proceso judicial correspondiente  por ante la Junta Gubernativa – probablemente el primer juicio político de América- la Junta tras oír los testimonios a cargo condeno a Duarte y sus compañeros por alta traición. Todas ellas, las anteriores,  primicias de tanta importancia jurídica e institucional que bien pueden exhibirse, gracias a Duarte, aunque no con tanto  orgullo, al lado de las primicias sociales y arquitectónicas de la hispaniola: primer hospital, primera catedral, primera universidad, primer convento, etc.

Pero como la historia es evolución y transformación constante, Duarte,  que figuro en la vanguardia del pensamiento político hasta 1843, pasaba con sus hechos en 1844 a la retaguardia del accionar revolucionario. No importa que el duartismo impuesto por la burguesía de 1894, se quedara anclado en el momento en que funda la trinitaria. Ese cambio trascendental en la persona de Duarte fue percibido por los Restauradores en 1864 y adoptaron  una actitud de rechazo. 

Duarte y José Joaquín Puello, mediante aquellos acontecimientos, frente a la actitud pasiva de Sánchez,    tomaron, pues, militarmente la Junta – hecho que se convierte en antecedente del Golpe de Estado del 25 de septiembre de 1963-.

Una vez posesionados de la Junta, y habiendo provocado la huida de sus miembros titulares procedieron a auto nombrarse, ambos, con los títulos de   General de División y General Jefe de la Guarnición de la Capital, respectivamente, y luego auto- nombrándose Duarte como delegado de la Junta en el Cibao (15 de junio), con el propósito de hacerse dueño de la situación nacional y cumplir la segunda parte de un plan que parecía haber sido cuidadosamente elaborado desde su regreso, lo cual  lo llevo a su llegada al Cibao, aprovechando el trabajo previamente hecho por Mella en Santiago, a promover la insubordinación de la  oficialidad contra el General José María Imbert y otros héroes del 30 de marzo a quienes acusaron de afrancesados, y los cuales  elevaron sus quejas ante la Junta, sustituyendo, además, en sus cargos a la comisión de tres generales, delegados  previamente encargados de esa función.

Ese mismo día, se produce sorpresivamente en la capital la muerte de Ramón Santana, hermano mellizo de Pedro, victima de una grave enfermedad, pero circulando el rumor de que se trataba de un envenenamiento criminal (¿constituyo este el primer crimen político dominicano?).A todo esto su hermano Pedro, el héroe de  Azua, se encuentra en las Matas de Farfán, empujando los haitianos más allá de nuestras fronteras provisionales.

Una vez en el Cibao, Duarte, asesorado por Mella, una vez hechas las remociones de mando en el ejército, pretendió enfrentar el ejército del Norte contra el ejército del Sur,  y, finalmente, la separación del Cibao del resto de la República estuvo sobre el tapete. El pretexto insurreccional fue simple: los conservadores- se dijo- habían vendido la República a los franceses y el país se reintegraría a la esclavitud. Pero a Francia no le interesaba el protectorado, en cuya gestación también estuvo involucrado Duarte – según documento  firmado  por el y el testimonio del Cónsul Saint Denys- pues el rey de los franceses la había rechazado formalmente desde el 31 de mayo, como tampoco  les interesaba la ocupación de la Península de Samana, ni a la pequeña burguesía independentista le interesaban los esclavos. Por lo tanto solo se trato de un rumor. Simplemente la ambición desbordada se convirtió en mala consejera y estuvieron a punto de hacer perder la ganada independencia en medio de una guerra civil, pues se levantaron y apostaron cañones sobre las murallas capitalinas para impedir el ingreso de Santana y el ejercito del Sur a la ciudad, que fueron reforzadas, además, por la soldadesca africana fuertemente armada, improvisada como nuevo ejercito de la independencia.

De como  fue que termino  la historia, es de todos conocido: el golpe fracasa y Santana, regresando del Sur profundo, entra triunfante a la ciudad, cual Cesar en Roma después del triunfo en Las Galias, y tras ser recibido con un clamor de ¡Vivas! Apoteósico por el pueblo, es proclamado por el pueblo y el ejercito como Presidente-Dictador, titulo que el héroe no acepta y prefiere convocar la Constituyente, que producirá la Constitución del 6 de Noviembre de 1844,  dando surgimiento, de manera oficial y jurídica,  al Estado Dominicano y a la Nacionalidad Dominicana, de la cual Duarte no pudo disfrutar, pues nunca cumplió con los requisitos de residencia exigidos para obtenerla, habiendo preferido residir en Venezuela por mas de treinta años.

Toda la trama duartista culmino con una propuesta de transacción elaborada en Santiago por el Padre Regalado, Luis Franco Bido, y López Villanueva, de Puerto Plata: Duarte y Santana figurarían en dos boletas electorales, para presidente y vicepresidente, alternativamente, lo cual fue rechazado por Santana. La Junta, por tanto, procede a desconocer la presidencia de Duarte ( 24 de julio) y a destituirlo al igual que a  Mella de las funciones que les habían asignado, y que suponían haberlas  traicionado, y el y sus compañeros de complot fueron apresados en Puerto Plata en los predios de su amigo Duboc por orden de la Junta , siendo trasladados a Sano Domingo por el barco de guerra “Separación” comandado por héroe naval Juan Bautista Cambiazo, y una vez en la capital, tras ser depositados en el fuerte Ozama, fueron juzgados por la Junta por el delito de Alta Traición a la Patria, de conformidad con los códigos vigentes, siendo condenados al exilio, en fecha 22 de agosto de 1844, mediante Resolución aprobada a unanimidad, bajo la presidencia de Santana y en ausencia de Sánchez. El judío sefardita, el curazoleño Abraham Cohen,  precisamente el propietario del barco La Leonor, los salvo de la ejecución. Paradójicamente el principal testigo a cargo en su contra lo fue José Joaquín Puello , quien hasta entonces había fungido de complice. Esta sanción fue apadrinada por la primera Pastoral de la Iglesia Católica “Castigo de Dios”, expedida, en esa misma fecha, por el Arzobispo Dr. Portes e Infante, que viene a cerrar, con este trascendental documento,  el tortuoso proceso iniciado en Azua.

Santana  figuraba ya en la Proclama de la Separación de la Parte del Este del 16 de enero de 1844, como el comandante oculto que debía asumir el papel de libertador militar frente a la eventual embestida haitiana. La víspera, el 26 de febrero Ramón Matías Mella (ex- trinitario, allegado a Bobadilla) y Remigio del Castillo (del grupo  azuano), le habían llevado al Seibo  su nombramiento  de Coronel y tenían, sobretodo, el encargo de asegurarse de su presencia  en la Capital, como garantía, de eficacia  del pronunciamiento programado para el 27 de febrero.  Santana, pues, tras pronunciar al Seibo y a los Llanos el 26 de febrero, se presento en los primeros días de marzo en la capital para salir hacia la frontera el día 13.

Es  patético el relato del Dr. Delgado, testigo presencial en la Plaza de Armas de la Capital: ¡Los haitianos vienen  hacia acá, quemándolo todo! dijo una voz tonante,  ¿quien esta dispuesto a encabezar  tropas de voluntarios y salirle al encuentro? Silencio total en el ambiente. Segunda Llamada…..lo mismo; Tercera Llamada, se repite ¿quien esta dispuesto…?  “Yo voy, si los que me acompañan me siguen”, respondió Santana, y hubo  un respiro de la multitud de corazones arrebatados de miedo congregados en  la Plaza. ¡Ningún trinitario levanto la mano!

Duarte en Saint Thomas fue mandado a buscar, tras una colecta publica, porque dijo que disponía de unos cinco mil  fusiles. El pueblo, con gran esfuerzo, colecto la suma de mil pesos para el flete de la goleta “Leonor”, y una suma adicional para más fusiles y pertrechos conscientes de lo poderoso del ejército haitiano. Pero Duarte, apenas se presento de regreso con veintinueve escopetas en mal estado.
Su llegada se produjo el día  catorce; un día después de la partida de Santana hacia Azua. Y la pregunta que hay que hacerse frente a tales circunstancias es ¿porque no lo siguió?Tomas Madiou, el mejor de los historiadores haitianos, que, además,  escribe al calor de tales acontecimientos (publica su  famosa historia en 1846) dice que los trinitarios se dedicaron a beber y a festejar, incrédulos del regreso de los haitianos, tras la lección del 27, pero ¿de cual lección se trata? Y dice que frente a esa actitud Santana,  tras insistir en la necesidad de formar un ejército, y frente a la falta de cooperación, se decidió a irse solo con su gente llegados del este para Azua. Pero tal vez había un complot oculto: curiosamente Vicente Celestino Duarte no firmo el Manifiesto  de la Separación de los Pueblos de la Parte Este del 16 de enero, probablemente por que reconocía que  la autoria del mismo no era  de su grupo. La lista de firmantes la encabezaba Tomas Bobadilla y solo detrás Sánchez y Mella., después Mercenario, Moreno,  Pujol, Caminero , futuros miembros de la Junta; había otros trinitarios pero en la cola.

O, quizás, porque el contenido del Acta no conciliaba con sus ideas. En ese sentido Manuel Arturo Pena Batlle dice del Manifiesto del 16 de Enero de 1844 (el Acta de Independencia Dominicana) que: “Ya en enero del ano de 1844, los afrancesados tenían plenamente desarrollado su plan de acción. En el primer documento oficial  de la Revolución, en el acta de independencia, se ven esbozados los acontecimientos que sucedieron al 27 de febrero, y están condensados en un solo párrafo, las ideas conservadoras y los anhelos anexionistas de los afrancesados: “Nuestra causa es santa: no nos faltaran recursos o mas de los que tenemos en nuestro propio suelo, porque si fuera necesario empleamos lo que nos podrán facilitar en tal caso, los extranjeros”. Duarte no hubiera escrito ni firmado ese párrafo, lo demostró luego.”(Ml. A. Pena Batlle, Antecedentes de la Anexión a España, 1929) Cual no seria la sorpresa y arrepentimiento de Don Manuel Arturo cuando dos años después se descubre en Paris el acto del 1ro. De Junio de 1844 en el cual Duarte solicita  el protectorado de Francia. (Documentos Misión Paradas, 1931-1933).

Es en esta afirmación temeraria del ilustre intelectual capitaleño que radica todo el desvarío radical de los historiadores posteriores, quienes basan la excelsitud patricia de Duarte en su supuesto puritanismo frente al citado problema del protectorado, argumento que si bien pudo servir para enfrentar la tendencia de mayor influencia antes del 27 de febrero, perdió vigencia y poder de arrastre, frente al real peligro de invasión haitiana, tan  pronto Herard lanzo su proclama de muerte y atravesó la frontera dominicana con 30,000 soldados el 6 de marzo de 1844, así que la Junta, porta voz del sentir popular, se vio precisada a pedir el protectorado el 8 de marzo. Tal vez si los trinitarios se hubiesen agregado al contingente  que encabezaba Santana, no hubiese habido la necesidad de solicitarlo, y la vitoria de Azua hubiese sido más contundente. Pero hay que reconocer también que esa solicitud del protectorado, implícitamente previsto en el Acta de Separación,  precisamente pudo haber sido el argumento que convenciera a los tímidos y timoratos para que en enero apoyaran la independencia, y quien sabe si esa fue la condición sine qua non para decidir los sectores de fortuna, tradicionalmente mas conservadores que los demás que, por supuesto ,tenían algo que perder, para que apoyaran lo que a todas luces aparecía como un gran riesgo, apoyo que era necesario, pues sin el no habría independencia . Al parecer, pues, el protectorado estaba siendo deseado por todos los sectores convergentes en un mismo propósito.

Precisamente ese sector conservador, que se inicio llamando la intervención de Boyer, que  hace presencia durante la guerra de independencia, ya lo vimos pidiendo el protectorado, es el que mas luego pide la Anexión a España (1861), y mas adelante la Anexión a los Estados Unidos (1870).Y es el mismo que todavía esta presente en la toma de la mayor parte de nuestra decisiones políticas como nación ( sectores complacientes durante las ocupaciones norteamericanas del 1916 y de 1965; en el retorno del neo-trujillismo con Balaguer en 1966, en los proyectos reeleccionistas de todos los partidos, en la violación sistemática de los derechos humanos y las ejecuciones extrajudiciales; en el envío de tropas a Irak, en el aislamiento de Cuba y en la segregación haitiana).

Participación esta que, sin embargo,  no puede verse esquemáticamente,  como si fuera parte de una lucha entre unos sectores supuestamente liberales y otros supuestamente protectoralistas  o conservadores,  división artificial que también forma  parte del mito, pues aquellos, los llamados liberales, solo lo son cuando están en la oposición, como lo demostraron Fernando Arturo de Merino, anti Santanista, anti baecista y luego  pro lilisista,  fundadores todos del neoduartismo,  y quien llegara a decir cuando fue presidente que “este país no se podía gobernar con principios democráticos”, manera de gobernar la suya que provoco la ira poética de Salome Ureña; y el propio  Lilis ahijado político de Luperon, ambos símbolos máximos del partido azul, o personajes con reversa en el plano intelectual como fueron Manuel  María Gautier y Félix María Delmonte, anti anexionistas con Santana y anexionistas con Báez. El repudio al protectorado invocado por Duarte, no fue mas que aparente,  circunstancial, y fue parte de un “pretexto estratégico” en su lucha por el poder, para descartar a los del grupo de Bobadilla,  y pensando que con el espanta-pájaro protectoralista  metía miedo, pero era todo lo contrario, apenas logro con el aglutinar el residuo africano de la población, el mas identificado con Haití. En el fondo, el también lo quería, al menos así lo dicen los documentos firmados por el y la correspondencia consular que así lo refería.

El historiador José Aníbal Sánchez Fernández le critica a Duarte su falta de oposición al intento anexionista de Báez a los EE.UU. Aunque hay que advertir que para esa época el tío y protector de Duarte, Don José Diez, desde  Venezuela, se carteaba con Buenaventura  Báez y le profesaba su admiración y respeto por haber enarbolado el pabellón  de los EE.UU. en Samana.. 
El otro punto negro del historial duartiano, desprendimiento del anterior y que revela la falta de concepción de un proyecto de nación  del cual fuera completamente compromisario, fue la “hégira” emprendida por el voluntariamente a partir de 1852,   por las selvas amazónicas que en términos patrios significo un  largo periodo de abandono de la lucha por la República, y de desentendimiento de su suerte, ya que durante ese largo periodo de doce años (1852-1864) nadie supo de el y su propia familia lo dio por muerto, y el mismo duarte paso desapercibido la muerte de su madre en Caracas. Hay que buscar en el trauma que le produjo su fracaso en el Cibao ,tras el golpe del 9 de junio , la causa de su frustración y desentendimiento, pero sea cual fuere la verdadera razón- amnesia traumática, locura, depresión reactiva , enamoramiento etc.- el caso fue que Duarte estuvo ausente durante el periodo en que se construyo la República, o sea en el que otros construyeron la nación ,  y no se puede ser el padre de una criatura que otro fecundo, pues estuvo ausente el 16 de enero de 1844- ni tampoco asistió al parto , pues estuvo ausente el 27 de febrero, como también estuvo ausente a lo largo de todas las batallas ( 1844-1856).

Y es, precisamente, sobre esas bases que hay que replantear los fundamentos del patriciado, que no puede coronar con legitimidad a los que se  autoexiliaron del país, fueron amnistiados negándose Duarte  a regresar, y se desentendió durante diez y seis largos años de su causa, salvo en combinaciones políticas de aposento tuteladas por Lilis en un cambalache electorero que rememora el  nombramiento de Balaguer hecho por el Congreso como “Padre de la Democracia”, porque ello significó estar  ausente del frente de guerra que bañó de sangre dominicana durante esos doce años las lomas y valles de la República en mas de diez cruentas batallas, mientras se divagaba sin razón, y sin entendimiento, durante  esos doce años en selvas extrañas. Y es inútil imaginar tramas entre compañeros, tras la persecución de Herard, para alejar malintencionadamente al patricio del país, pues el que se fue se fue porque quiso, o porque tuvo miedo. Esto lo demostró Sánchez que también pudo hacerlo y no lo hizo, y no porque estaba enfermo como se ha querido hacer creer; sobre este episodio hay amplia documentación.

El fracaso de la independencia efímera de 1821, cuando un sector del alto comercio cibaeno prefirió llamar a Boyer y no correr la suerte de una independencia eventual  atada al libertador Simón Bolívar, tuvo que haber sido recordado en aquel momento en que las circunstancias obligaban a sopesar el error del aislamiento para precaverse de repetir la tragedia.

Por demás es un mito que los sectores en pugna se dividían en cuanto a que unos, los duartistas, consideraban al país autosuficiente, y al protectorado innecesario, contrariamente  a los demás, siendo la verdad que todos buscaban por igual el protectorado con Francia, y así lo hace constar repetidamente el cónsul francés Saint Denys, que recibía en este sentido la visita de ambos,  siendo la disputa limitada al hecho de quien o quienes debían dirigir el proceso para su obtención. Múltiples documentos prueban el aserto. Y este juicio no constituye una crítica a dicho proceder, a no ser en lo que atañe  la posible simulación del grupo duartiano, que aparentaba una cosa y hacia otra, porque hay que subrayar que la inexistencia  de una clase burguesa dificultaba en la Rep. Dominicana de entonces la aparición temprana  de las ideas liberales y nacionalistas (concepto de soberanía nacional), como sucedió en Europa para 1814. La propia España, de quien heredábamos la cultura, estaba entrampada en el conservadurismo y la monarquía: “La Constitución progresista de 1837 fue derogada y sustituida por la de 1845, que entregaba todos los poderes a la Corona, al Ministerio y a un Consejo de Estado. Se restableció la censura y, para congraciarse con el clero, le fueron devueltos los bienes que aun no habían sido vendidos” ( Joseph Walker, Historia de España, Pag.266, 1999),  y ya previamente, en 1842,  Barcelona había sido bombardeada por el regente Espartero por haber proclamado la República.
Seria, pues, demasiado, pretender para nosotros una sociedad más avanzada que la española de esa época. La presión necesaria ejercida por las grandes potencias contra Haití para imponer un armisticio o cese de fuego, durante cinco anost (1856-1861)  prueba, por demás,  la manera de pensar prevaleciente y la debilidad del país para sostener una guerra prolongada. Aunque esa tregua nos trajo como herencia el problema fronterizo , pues a partir de entonces se fijo el llamado “Status Quo Post Bellum”, como línea divisoria, perdiéndose para siempre, tras el retiro forzoso de las tropas dominicanas comandadas por Santana  de Las Matas de Farfan, la posibilidad de recuperar íntegramente nuestro territorio, según las fronteras de Aranjuez.

Así la necesidad del protectorado estuvo presente en la mente de los independentistas desde el mismo momento de la confección del Acta de Separación, concebida con mayor o menor  urgencia, según los apremios de la guerra con Haití. En tal virtud fue formulada en diferentes modos, siendo la primera, la Resolución del 8 de marzo de 1844 ante la amenaza criminal de Charles Herard desde Las Caobas, contenida en su proclama publica, en el sentido de dejar sin cabezas los hombros del pueblo dominicano, si los “complotadores” no se retractaban de la actitud adoptada en la mañana del 28 de febrero. Tomas Bobadilla, tal vez el mas lucido y consciente de la situación de todos, una vez  superados lo primeros escollos , y las dos grandes batallas de marzo, en su calidad de presidente de la Junta, llamo a una asamblea ampliada en los locales de la Junta, a los representativos de la ciudad el día 26 de mayo de 1844, tratando de buscar consenso al respecto, y con la presencia del Arzobispo Dr. Tomas Portes e Infante, de comerciantes, de militares y de duartistas, lo que hoy llamarían las fuerzas vías de la nación, planteo el asunto en los términos  mas radicales y transparentes que se podía haber hecho, y dijo:

“Una nación naciente como la nuestra debía solicitar el apoyo de todas las naciones para entrar en rango con ellas y ponernos en su justo nivel, a menos que hubiésemos pensado como los haitianos, vivir aislados en medio de la gran familia de que se compone el genero humano” Y agrego: “ En las circunstancias y por una consecuencia natural de otros antecedentes, el gobierno pensó en solicitar protección y el auxilio a una nación europea que nos socorriese y auxiliase con su poder y sus recursos en la lid que habíamos emprendido noblemente. No dejo de ser este un motivo de mediación para  los mandatarios del pueblo dominicano. Recurrir a nuestra antigua metrópoli hubiera sido dar un paso retrogrado que nos hubiese atraído la inconsideración y el desprecio de los españoles-americanos. ¿Qué hubiera podido hacer tampoco por nosotros una nación despedazada y arruinada en guerras intestinas? Nuestros principios de conveniencia y de utilidad deban necesariamente encontrase en oposición directa con los de aquella nación. Recurrir a los Estados Unidos, ala Inglaterra o a cualquier otra nación, era un paso lento que no podía satisfacer las urgencias del momento. La Francia señores, es liberal, esta tiene interese directos en este país; ella ostenta una protección  benévola a la libertad y a la humanidad; con ella nos estaba indicado entrar en relaciones, solicitar de ella un protectorado político que el gobierno no titubeo avanzando algunas proposiciones que hasta este momento n o forman un contrato perfecto, pero que es de nuestra conveniencia, de nuestro honor y de nuestra dignidad sostenerlas, ya para poder subvenir a las necesidades en que nos  encontramos, ya porque debemos avanzar siempre en la carrera de nuestra existencia política”.

Aunque ese día no se pudo lograr el consenso, y más bien se creo una atmosfera de disturbio, el día 1ro. de junio de 1844, o sea cinco días después, estando la Junta bajo la presidencia de Caminero, mediante comunicación escrita se reitero la propuesta del 8 de marzo de 1844, y la misma fue depositada por Sánchez en el consulado de Francia y tramitada enseguida al Ministro Guizot por el Cónsul Saint Denys, y esta vez la solicitud de protectorado se hacia con el consentimiento y firma de Duarte.

Como dijimos anteriormente, el problema, o confusión, cacareado como nacionalismo integérrimo por los duartistas, es que ese documento permaneció desconocido por los dominicanos, hasta que la mencionada Mision Paradas lo descubrió en Paris. Y aun así, habiendo sido remitido por el investigador al Ministro de Relaciones Exteriores, Dr. Arturo Logroño, emparentado el Monseñor Merino, fundador junto con Lilis y José Gabriel García del patriciado Duartiano, todavía le tocaba permanecer oculto diez años mas, hasta que finalmente se publico por primera vez en 1943, por el Archivo General de la Nación, para desaparecer de  nuevo, hasta ahora.

El documento en cuestión decía en su primer párrafo: “Hace dos meses y medio qu. esta Junta dirigió por órgano de V.S. al gobierno de S. M. el Rey de los Franceses algunas proposiciones tendentes a obtener prontos subsidios, y su protección, y a servir de base a un tratado solemne entre la Francia y la nueva República Dominicana, como medios qu. Debían ponerle en estado de resistir e impedir toda invasión por parte de la República  haytiana” (Ver documento integro en anexo a la presente obra)
Y hay que distinguir el protectorado gestionado por la Junta después de la independencia, el cual esta ya insinuado en la misma Acta de la Separacion, del mamotreto diseñado por Buenaventura Báez y otros junto al Cónsul Francés con sede en Haití, en 1843, y que se conoce como Plan Levasseur.

En honor a la verdad, hay que decir que muchos historiadores e intelectuales dominicanos aceptan el mito de Duarte, esforzándose en  ampliar  el aspecto relativo a su “pureza personal”, no por ignorancia, sino con la sana intención   de pretender transferir el  ejemplo a la juventud de hoy,  y también de mañana, y han considerado los promotores de la idea que Duarte es el personaje del pasado que mejor se presta a la “manipulación pro-positiva”. Pero, personalmente entendemos que en ello hay un gran desacierto, y que el ejemplo a la juventud, si es  esto lo que realmente se pretende, se lo  tiene que dar la presente generación con su comportamiento ejemplarizador, la cual hace precisamente todo lo contrario; así como también toca a los padres de cada cual,  con su practica de vida, convertirse en referentes de sus hijos, y resulta que mientras mas dicen ser duartistas menos responden a la imagen que quieren proyectar del patricio, pues no es cierto que la juventud busca ejemplo en alguien de la generación de 1844, por mas que se lo crean algunos ilusos.

En cuanto a la oficialización de la ideología duartista, o , si se quiere del culto duartista, hay que señalar, en honor a la verdad, que este, a pesar del Decreto de Lilis, que apenas trascendió con la consagración de la comunidad de Pajarito – en ese entonces un barrio marginal de la capital- con el nombre de Villa Duarte, solo adquirió carácter relevante con Horacio Vásquez, con la designación en 1925 del territorio de San Francisco de Macorís, antigua provincia  Pacificador en honor de Lilis , en donde se dice que se asentaron descendientes colaterales del patricio – hecho negado por el Instituto de Genealogía- , con el nombre de Provincia Duarte. Como se sabe Horacio Vásquez se consideraba neoduartista y heredero del partido Azul, y fue derrocado, por su ala liberal encabezada por el Dr. Rafael Estrella Ureña, al querer prolongar arbitrariamente y en violación del mandato constitucional su periodo de gobierno, para luego ser sustituido por el dictador Trujillo en la continuación del proceso.

Aunque, cuando verdaderamente este culto se entroniza como religión de estado es a partir de Trujillo, quien pacto con los neoduartistas desde 1930, a través de prebendas y empleos públicos, que posteriormente le permitieron al Tirano llamarse Padre de la Patria Nueva. Una ley de 1942, promulgada por el neoduartista  Manuel de Js. Troncoso de la Concha, obligo a presentar la efigie de Trujillo, en fotografías o esculturas, cada vez que se exhibía la figura de Duarte, buscando la equiparación. Todo lo demás, inclusive la incumplida ley jorgeblanquista que obligaba a la enseñanza del duartismo en las escuelas publicas, no ha pasado de ser un puro simbolismo barato, que no trasciende la esfera pública o la adolescencia. Toda esta simulación y aparataje no termina de calar en la conciencia ciudadana que permanece aséptica.

Me lo confirma mi experiencia como padre y abuelo y mis cincuenta anos en el  ejercicio dl magisterio. Un fenómeno como al que aspiran  tales creyentes, solo se puede dar en materia religiosa, y para ello hay que ir a las iglesias para entender las virtudes de los dioses, santos y apóstoles; no leer la historia, porque los héroes no son santos.

Otros dejan las cosas como están para no tener que rectificar porque creen que hacen daño,  o porque no tienen asidero documental,  o porque cuesta trabajo desmontar la fabula, pero seria la primera vez en la vida de un pueblo en que rectificar es malo. Por el contrario rectificar es de sabios, se dice, y la juventud es eso lo que espera, pues no puede ser educada en la mentira y el mito. Por demás, este pueblo tiene que estar preparado para cuando tenga que rectificar el mito de Colon, en cualquiera de sus vertientes, así como el mito de la aparición de la virgen en la supuesta batalla del Santo Cerro, o tendrá que resignarse a vivir en el oscurantismo y la injusticia. Aunque  aceptamos, de antemano,  que  no será sino después de mañana que  "la verdad os hará libres”, como reza  El Evangelio...

Pero es necesario aclarar que no es el propósito de este trabajo buscar consenso o adhesión sobre sus conclusiones. Es simplemente nuestro interés aportar  un material poco manejado por los estudiosos y señalar un nuevo enfoque interpretativo de los acontecimientos, basado en la rigurosidad de los hechos acontecidos, sin manipulaciones, ni inclinaciones acomodaticias. Por otro lado conviene recordar que la historia esta siempre sujeta a ser enmendada  en la medida en que se profundiza en sus fuentes de conocimiento, en que se descubren fuentes escritas nuevas, en que se conocen  mejor las tradiciones orales que la alimentan.

Para lograr tales propósitos nos acogemos al  derecho a la palabra escrita y apelamos al debate serio, responsable y respetuoso, poniendo esta modesta investigación al conocimiento  de aquellos con más experiencia e información  que el autor, que puedan enriquecerla con su crítica. 
                                                                                  
Referencias:

1) “La República Dominicana y Haití: La Historia Secuestrada, 1811-1963”, Tomo 1 (en Prensa,) 800 págs.
2) Separata: ¿Es Juan Pablo Duarte el padre de la Patria?, Periódico Hoy, Suplemento Areito, Sábado 23 de agosto de 2008;
3) Wikipedia Dominicana, Portal Internet, Voz : ¿Es Juan Pablo Duarte el Padre de la Patria?;
4)portal agn.gov.do.com ¿Es Juan Pablo Duarte el Padre de  la Patria?
bbatista-del-villar @ hot mail.do

  NOTA: El presente traba “LA REPUBLICA DOMINICANA Y HATI: LA HITORIA SECUESTRADA (1811-1963)”
TOMO SEGUNDO: ¿POR QUE DUARTE……POR QUE SANTANA?, EN EL PROCESO DE INDEPENDENCIA del doctor Bolívar Batista del  Villar es un  extracto del tomo segundo de la obra citada mas arriba, actualmente inédita, con registro de derecho de autor, y se publica por primera vez en
www.historiadominicana.com.do con autorización de su autor.

 

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