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Poetas y Revistas Literarias en el camino de la libertad

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El proceso de democratización que vivió la Republica Dominicana después de la muerte de Trujillo, se inicio con la salida del gobierno y del país del doctor Joaquín Balaguer en enero de 1962 y con la instauración del gobierno democrático, resultado de las elecciones de diciembre de 1962, encabezado por Juan Bosch desde el 27 de febrero de 1963. En septiembre de 1963, los grupos cívicos-trujillistas se compactaron para derrocar el primer experimento verdaderamente democrático del siglo XX, provocando la inmolación de la juventud más consciente en la s montañas de las Mananclas en diciembre del mismo año y la Revolución de Abril de 1965, acontecimientos definitivos en la lucha por la consolidación de la democracia.

A la revista Testimonio, dirigida por Lupo Hernández Rueda, Luis Alfredo Torres, y Alberto de Peña Lebrón, con Ramón Cifre Navarro como jefe de redacción, le toco llenar, casi sola (las Brigadas Dominicanas no llegaron a las elecciones de 1962), el tiempo de transición entre la dictadura y la libertad. Surgida en febrero de 1964, se registro el 6 de diciembre del año anterior, en los días en que Manolo Tavarez Justo y sus valientes seguidores morían en las montañas.

Esa coyuntura tan dolorosa es la que explica, que al ser Testimonio una revista literaria que intentaba alejarse de los conflictos ideológicos-políticos, aún así no pudo dejar de reflejar el momento que se vivió después del golpe de septiembre. En su editorial numero uno, “La suerte esta echada”, sus directores definen el proyecto:

“Aunque dirigida por tres poetas de una misma generación, testimonio no es ni será el órgano de un grupo ni un órgano exclusivo de poesía… Sólo una cosa es necesaria para tener cabida en testimonio: Calidad.  Daremos preferencia a lo Dominicano, sin patrioterías inútiles, sin exterioridades vacías. Preferimos el sentimiento; ideas y emociones nacionales con visión de universalidad. Hemos nacido para unir, para construir, no para destruir. Los directores de Testimonio, de edad y formación posterior al Postumismo, La Poesía Sorprendida y a numerosos poetas, escritores y artistas que, sin pertenecer a estos dos grupos, tienen reconocido valimiento en nuestras artes…. Reconocen lo aprendido y heredado de estos movimientos y valores nacionales”.

“Salimos a la luz en unos momentos angustiosos e incruentos para la historia de la República. No somos ajenos a la grave encrucijada en que se debaten los destinos nacionales. La patria esta llena de muertes, odios y rencores amargos. Falsos mecías cantan con silbo engañoso. La injusticia social campea por nuestros lares. La desnudez, el hambre y la ignorancia tienen en este suelo su morada. Este es nuestro tiempo y  en él estamos luchando por nuestra superación. Nuestro derrotero es el camino del espíritu. No por eso estaremos lejos de las dolencias de esta tierra y sus hombres,…debemos llegar mas allá de donde han ido los que nos han precedido, y llenar además el hondo vació originado con la desaparición de los Cuadernos Dominicanos de Cultura, La Poesía Sorprendida, entre las Soledades y Brigadas Dominicanas. La suerte está echada.”

En el primer numero de febrero de 1964, Marcio Veloz Maggiolo publico un dialogo titulado “Invasores”, en el que se refiere a los expedicionarios de junio de 1959, y que nos recuerda las lomas de las Mananclas de diciembre de 1963, pues todavía estaba muy fresca la sangre de los catorcistas.

Otros materiales apreciados en el primer número de Testimonio fueron: La novela y el lector, por  Carlos  Esteban Deive, Dos poetas contemporáneos: Ezra Puond y Saint-john Perse; Juan Carlos Jiménez, por Alberto Peña Lebrón, El arte como testimonio, por Manuel Valldeperes, Banderas del sueño, de Manuel Mora Serrano, Héctor Inchaustigui Cabral habla, por Luis Alfredo Torres, Aspecto de la poesía de Franklin Mieses Burgos, de Mariano Lebrón Saviñon, Armonía musical, psicología cultural, por Manuel M. Miniño, Libros y comentarios, por Luis Alfredo Torres y Lupo Hernández Rueda, y Abelardo Vicioso (antología poética), de Lupo Hernández Rueda.

Al ser Testimonio una revista con un espacio básicamente distinto a las Generaciones de Poetas del Postumismo, Poesía Sorprendida, y los Independientes del 48, llama la atención la publicación del número ocho de septiembre de 1964, dedicada a diecisiete jóvenes poetas y escritores: Juan José Ayuso, Pedro Caro, Roberto Marte, José Martínez, Manuel Machin-Guiria, Elpidio Guillen Peña, Luis Manuel Amiama, Jacques Viau R., René del Risco, Ernesto Cadernal, Manuel Luna Vásquez, Ramón Vásquez Jiménez, Osvaldo Cepeda y Cepeda, Antonio Lockward, Jorge Lara y Rafael Lara Cintrón.

Otro número de Testimonio que resulta curioso es el numero 18, de 1966, en el que apareció como edición especial el libro “Los días irreverentes”, de Luis Alfredo Torres, quien formó parte de la generación del 48 y uno de los directores de Testimonio. Llama la atención, además, el poco espacio dado a las mujeres poetas en testimonio: de treinta y cinco números salidos en cuatro años, sólo aparecen poemas de Flérida de Nolasco, Grey Coiscou, Janette Miller, y Rosa Luisiana Meléndez Rojas.

En agosto de 1967 Testimonio había entrado en crisis, ya que el papel usado en la impresión bajó en calidad, y la cantidad de páginas se redujo a la mitad, mientras que sus directores Lupo Hernández Rueda, Luis Alfredo Torres y Alberto Peña Lebrón ya habían permitido que Ramón Cifre Navarro pasara de jefe de redacción al equipo de directores. En el número 35 Cifre  aparece como único director, y con Ramón Cifré Lora como “supervisor” de la revista. Por igual no aparece ningún escrito de los antiguos directores, por lo que suponemos una ruptura del equipo de dirección de la publicación más importante de la época postrujillista.

El referido número, al parecer el último que circuló en agosto de 1967, deja clara la situación por la que atravesaba la revista, al anunciar que a “partir de esta edición, Testimonio se propone salir con regularidad a fines de cada mes..Tenemos previstos los factores negativos que pueden obstaculizar estos razonables propósitos…. No ha sido Testimonio la única revista de su género que tiene ante si enfrentarse a estos agudos problemas… Confiamos,… en que obtendremos otra suerte de cooperación… Se lo “suplicaremos”, si necesario fuere, de “rodillas” para que este vocero… continúe…A partir de esta edición…. será una revista exclusiva de poesía y literatura de vanguardia, sin que por ello trate de desconocer o dar la espalda a los valores que en el pasado de nuestro país…dieron prestigio a estos géneros de la expresividad artística del hombre”.

Testimonio circuló, tratando de no comprometerse con los conflictos sociales y los políticos, aclarando que no era una publicación  política; al estallar la Revolución de Abril de 1965 silenció para reaparecer cuando ya todo había pasado. Su último número, el 34-37, de junio-agosto de 1967 trajo poemas de Juan E. Padilla, Manuel Luna Vásquez, Guido Félix, Antonio Lockward, Manuel Valldeperes, R. O. Señor y Rosa Luisiana Meléndez Rojas.

Para concluir, no podemos dejar  de referirnos a las actividades literarias desarrolladas entre 1963 y 1965, como fueron las publicaciones de obras literarias, la constitución de la Sociedad de Autores y Escritores Dramáticos, la Sociedad pro-cultural y la Sociedad Dominicana de Escritores , el homenaje a Domingo Moreno Jimenes de parte del Ayuntamiento de Distrito Nacional, la lectura de poemas de Miguel Alfonseca y Jeannette Miller, patrocinada por la Sociedad Dominicana de Escritores, y en la que participaron como comentaristas los escritores Carlos E. Deive, Lupo Hernández Rueda, Juan Alberto Peña Lebrón, Máximo Aviles Blonda, Franklin Domínguez, Marcio Veloz Maggiolo y Pedro Rene Contin Aybar. El conversatorio sobre la novela de Carlos Esteban Deive en el Instituto Cultural Dominico-Americano, aparición de la publicación literaria UASD, Fundación de la Cámara Dominicana del Libro, la exposición de pintura del Grupo de los 3, integrado por Cándido Bidó, Elsa Núñez y Leopoldo Pérez, en el Palacio de Bellas Artes, la exposición de pinturas de Gilberto Hernández Ortega, en Bellas Artes, el inicio de los concursos artístico de E. León Jimenes, exposición de pinturas de Guillo Pérez, la designación de dos calles con los nombres de Vigil Díaz y Federico Bermúdez, y charla del declamador Carlos Lebrón Saviñon, sobre Dios, la creación y la expresión del negro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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