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Vigencia del pensamiento de Juan Pablo Duarte

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Hace un tiempo, el intelectual de renombre internacional Andres Oppenheimer disertó en una institución académica dominicana con el tema ¡Basta de historia!, y las crónicas periodísticas destacaron sus críticas contra los pueblos de América Latina que no avanzaban hacia el desarrollo porque vivían muy atentos al pasado, pendientes de su historia.

 

Sí  la crónica periodística es cierta, tal vez se olvidaba el referido intelectual de que las naciones son entidades vivas y que en sus existencias se conjugaban los fundamentos que les dieron origen, explicaban en parte su existencia y justifican su permanencia como naciones. En el caso que nos ocupa, relacionado con los aportes del patricio Juan Pablo Duarte a la existencia, permanencia y futuro de la nacion dominicana, tenemos necesariamente que volver a la historia y desentrañar sus planteamientos programáticos, imprescindibles para ayudar a enderezar la crisis de valores y la falta de institucionalidad que corroe la República Dominicana de hoy y que apuntan a su desintegración en tiempo muy cercanos, avasallada por la delincuencia, la corrupción, el libertinaje, la drogadicción, pero especialmente en el desorden que se está profundizando en una sociedad donde la constitución y las leyes, instrumentos fundamentales para la convivencia, la paz, el desarrollo económico y social, no alcanzan ni siquiera la categoría de “un pedazo de papel”; muchas veces ignoradas por los gobernantes y los gobernados.

Por eso quiero destacar en esta breve nota, que el antídoto, el remedio planteado por Juan Pablo Duarte para detener la desintegración y preservar la  nación dominicana, está contenido primero, en su ejemplo de vida; segundo, en su proyecto de constitución de 1844, y tercero, en las recomendaciones para que esa constitución y las leyes rigieran la convivencia entre todos los dominicanos. En esos tres aspectos se encuentra resumido el alcance del pensamiento de Duarte y su propuesta vigente para enderezar el rumbo de nuestro país.

 

Con estas ideas como referentes, podemos valorar el aporte de Juan Pablo Duarte y sus compañeros de la Trinitaria a la fundación de la República. En el juramento redactado por él y firmado por los trinitarios (jóvenes con edades que iban desde los 16 hasta los 28 años), se encuentra definido el proyecto de nación soñado por el patricio basado en la necesidad de crear un país libre, soberano e independiente. Pero antes de ese juramento ya el patricio había redactado su proyecto de constitución en el que se establecía entre otras normas: la reunión de todos los dominicanos como parte de una República Dominicana con su religión católica, pero con libertad de conciencia y tolerancia de culto;  que no podría formar parte integrante de ninguna otra nación, ni ser patrimonio de familias, ni de personas algunas; una República con su bandera tricolor, libre, soberana e independiente y en la que todos los dominicanos estaríamos sujetos a la constitución y las leyes, tanto los gobernantes como los gobernados; una nación en la que las leyes no tendrían efectos retroactivos, nadie podría ser juzgado sino con arreglo a ellas, ni se le podría aplicar a nadie penas que no estuvieran contempladas en las mismas, porque ninguna persona, sin importar su autoridad tenía derecho a prohibir lo que la ley no prohibía y porque la ley es la que da al gobernante el derecho de mandar e impone al gobernado la obligación de obedecer, pero en especial porque ella  es la regla a la cual deben acomodar sus actos, así los gobernados como los gobernantes.

Todo lo anterior está contenido en el proyecto de constitución redactado por Duarte, pero sabemos que un grupito de malos dominicanos impidió su implementación, cuando él y sus compañeros fueron apresados, declarados injustamente como traidores a la patria y expulsados a perpetuidad de la República Dominicana que habían fundado. Por eso, sí estudiamos lo que acontece en la República Dominicana, marcadas desde hace largos años por la corrupción, la perdida de la identidad, la enajenación de nuestros recursos naturales, pero sobre todo el irrespeto a la constitución y las leyes, podríamos concluir en que todavía el sueño de Duarte no ha terminado de hacerse realidad, por lo que estamos obligados a mirar hacia el pasado, buscando en su ejemplo de vida y proyecto de constitución las guías para la preservación de nuestra nación. 

Con el permiso del intelectual Oppenheimer y de los que aspiran a que olvidemos la historia;  ahora más que nunca se hace necesario  mirar hacia el pasado y rescatar del olvido el pensamiento y los principios que normaron el nacimiento de la República, resumidos en la figura del Padre de la Patria,  si es que queremos seguir llamándonos con orgullo, dominicanos.

 

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