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El Profesor Juan Bosch fundó el Conchoprimismo Literario

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Por: Alejandro Paulino Ramos

Juan Bosch publicó en la revista Bahoruco, un manifiesto literario que todavía resulta desconocido para muchos de sus seguidores, dando vida a la escuela que se conoció como “Conchoprimismo literario”:

“En nuestro país no hay una sola persona que reaccione por impulsos mentales. Todo lo hacemos súbitamente, de modo instintivo, guiados por la pura reacción biológica. El coraje, el interés, la generosidad; todo es en nosotros función carnal. Podemos ser héroes o guiñapos, pero no por razones de educación ni de amor propio, sino porque lo ordena la carne, lo manda la carne y la carne se deja caer en fangos de bajeza o se eleva a inaccesibles alturas. 

Concho Primo fue así y sigue siendo así, con todo y tener la huesa blanca bajo buena tierra, aunque ésta no sea tierra sino sangre de nuevas generaciones afeminadas, hechas al cine y al cigarrillo de olor. Concho Primo fue cada hombre que dejó el quicio de su casa, al brazo el machete, a la cintura el revólver, bajo las piernas el espinazo del caballo, a quienes no empujaba el deseo de hacerse libres, ni ricos, ni de volver aureolados de glorias para ofrendarlas a una mujer. Los llevaba la carne, la sangre hirviente de un pueblo viril y joven. Ignoraban que estaban regando la tierra para germinar, largos años después, en rojas piedras que marcarían los nuevos rumbos. 

Los “conchoprimistas” estamos juntos a esas piedras, oteando y esperando. Las amamos porque son nuestras, porque nos las han ido dejando muchos abuelos, que ya habían olvidado su procedencia. Estamos juntos a ellas oteando y esperando. Y no con el propósito de embellecerlas para hacer vibrar “cuerdas sensibles”, sino con el de fijarle fronteras a la patria, en el mundo abstracto pero bello de esta magnifica recién nacida ideología americana”. (Juan Bosch, “Sobre el conchoprimismo literario. Bahoruco, 1934).

Juan Bosch fue un hombre de pensamiento y acción en todo lo que se propuso, marcando auténticamente con sus aportes políticos y literarios a la sociedad dominicana. De sus contribuciones a la política nacional queda poco de qué hablar, mientras que de su pasado literario todavía van surgiendo detalles que terminarán conformando definitivamente el perfil del que fue el más destacado literato dominicano del siglo XX.  En principio, en el campo de la poesía Bosch se declaró admirador del Movimiento Postumista, pero en el cuento y la novela quiso crear su propia escuela, a la que bautizó “El Conchoprimismo Literario”, no sin que aparecieran, en el mundo literario dominicano, los que se burlaron y trataron de ridiculizarlo.

La escuela “conchoprimista” que Bosch intentó establecer cuando tenía 25 años de edad y en los días en que formaba parte a la agrupación “La Cueva”, partía del criterio de que en la República Dominicana y el arte “tenían que hacerse sobre tradiciones criollas”, tomando como materia prima lo que había significado en nuestra historia el personaje de Concho Primo, caracterizado por el coraje, el instinto, la generosidad y el fuego que incendiaba su sangre y la carne: “Concho Primo fue cada hombre que dejó el quicio de su casa, al brazo el machete, a la cintura el revólver, bajo las piernas el espinazo del caballo, a quienes no empujaba el deseo de hacerse libres, ni ricos, ni de volver aureolados de glorias para ofrendarlas a una mujer”. Su novela “La Mañosa” fue la conclusión de aquel esfuerzo.

Aunque Juan Bosch ya había publicado numerosos cuentos, cuando comenzó a promover su “escuela” era todavía un desconocido en el mundo literario dominicano y hasta lo creían inexistente pues había gente que creía que nombre era el seudónimo de algún intelectual interesado en que no se conociera su verdadera identidad. El Conchoprimismo estaba influenciado por el Criollismo, de moda entonces en Latinoamérica. Bosch define su escuela con las siguientes palabras: “Aquí en Santo Domingo, quizás si a consecuencia de pobreza en la flora y fauna y también ausencia de una raza nuestra, nos hemos dedicado a los acontecimientos y con ellos a los hombres. Pero éstos, manejados como cosa: instintivos, impulsivos, bastos. Nada de pensamiento destilado. Y como no tenemos otra historia que la de la sangre, hemos tomado la bandera que yacía en el suelo, pudriéndose, desde la llegada de los yanquis. La hemos tremolado, así desgarrada, enfangada y hedionda. Ahí ha nacido el “Conchoprimismo literario”, que lo será artístico antes de poco tiempo en todo el frente de las artes”.

Juan Bosch fue desde el principio cuentista y se dio a conocer a partir de 1931 en la revista Bahoruco, dirigida por el venezolano Horacio Blanco Bombona: “Un buen cuentista dominicano”, titulaba Blanco Bombona, y decía “Hemos publicado en los últimos números de Bahoruco cuentos del escritor dominicano Juan E. Bosch. No nos gusta prodigar elogios a diestra y siniestra, porque creemos que ese sistema ha malogrado a más de un joven escritor que con esfuerzo y estudio pudo hacer algo que valiera la pena. Pero no queremos dejar pasar inadvertida la capacidad de nuestro colaborador Bosch para el cuento. En breves páginas capta un suceso, un ambiente y con una sobriedad, digna de encomio, escribe su relato. Nos parece que a la República Dominicana le ha aparecido un buen cuentista. Bosch es vegano de nacimiento y acaba de retornar al país de un viaje de dos años por la península y por algunos países de Hispanoamérica de los que rodean el mar Caribe”.

En los cuentos aparecidos en Bahoruco ya se iba definiendo el costumbrismo campesino dominicano en que desembocaría el “Conchoprimismo”. En Carteles, revista cubana que se leía en Santo Domingo, apareció en marzo de 1932 el siguiente comentario sobre uno de sus escritos: “La Mujer”, un cuento de Juan Bosch, el primer cuentista dominicano del momento. Domina el género y tiene la rara virtud de narrar con una sencillez que da relieve al tema. “La Mujer” es una tragedia rural dominicana”.

Refiriéndose a ese comentario de la revista Carteles, se dijo en Bahoruco: “Hace un año comenzó Bosch a publicar sus cuentos en este semanario. Desde el primer cuento advertimos que se trataba de un vigoroso talento de narrador, que pinta las costumbres campesinas en una sobria y precisa prosa. En una palabra, que había alcanzado maestría en el difícil arte del cuento a una edad muy temprana, pues Bosch en la actualidad sólo cuenta veinte y tres años. Nosotros repetimos varias veces que no conocemos sino dos grandes cuentistas dominicanos, entendiendo por tales a los que tratan temas criollos. Uno era José Ramón López en sus buenos tiempos. El otro es Bosch”.

A principio de 1933 Bosch leyó cuentos junto a Fabio Fiallo y Tomás Hernández Franco en los salones del Club Nosotras. En la crónica noticiosa aparecida sobre esta actividad, se lee lo siguiente: “Fue anunciada la lectura de cuentos de tres de nuestros cuentistas, Juan Bosch, Hernández Franco y Fabio Fiallo. Bosch, el menor y el primero, es cuentista de procedimientos modernísimos. Nada de autobiografía, ni de propia psicología. Es la vena de agua pura y cristalina que lleva, sin saberlo, el alma de nuestra montaña.

En el año citado, publicó Juan Bosch su primer libro de cuetos, “Camino Real”, terminando de situarse como el mejor narrador dominicano y rompiendo con la creencia generalizada de que él “era un seudónimo y era, sin embargo, nuestro mejor cuentista. Aun después de haber publicado muchos cuentos en las columnas de este semanario, se nos decía como dudando de su existencia: ¿Y ese Bosch, a quien nunca hemos visto, donde vive? Y respondíamos invariablemente: Escribe, luego existe y mora en la Avenida Capotillo”, hoy avenida Mella.

Desde antes de 1934 Bosch se batía en una descarnada polémica pública con Héctor Incháustegui Cabral y otros de sus compañeros, quienes criticaban sus poemas y narraciones costumbristas. Refiriéndose a Bosch y a su “escuela”, Incháustegui cuenta en el “Pozo muerto” (1960), detalles de ese debate: “Como creía en los nacional le hicimos la guerra a cuantos pretendieron injertar en la literatura dominicana el Romanticismo Gitano de García Lorca. Pero no era contra el poeta, fue contra el programa, vamos a llamarlo así, de los que consideraban que era necesario, para la tradición y para la historia, que se cantara en romance la vida, las hazañas, de los grandes de las guerras civiles. Una persona, que no era poeta, lanzó la idea, trazó el ideario diríamos mejor, desde las páginas de Bahoruco (…). Entonces escribía unos Marginales. Una sección un poco en broma (…). No recuerdo todo lo que dije, pero le debió parecer muy fuerte. Hablaba, eso sí lo recuerdo, de un “polizón sentimental”que nos acababa de llegar de España, de un contrabando literario que estaban tratando de introducir en el país. Se molestó muchísimo y me salió al encuentro la semana siguiente. (…). Aquello era la indignación patriótica en letras de molde. (…). Blanco Bombona me llamó. Debía tener cuidado porque ése era un muchacho violento. Lo mejor era dejar las cosas en donde estaban y no replicar para evitar desagrados más profundos. Yo sonreí. Él era amigo mío y la disputa se limitaba al puro campo literario.”

Bosch llegó en aquellos meses a anunciar, cuando publicó “El cobarde”, que se retiraría del cuento costumbrista dominicano, lo que llevó a Blanco Bombona a decir: “Ni debe, ni puede. No puede porque el alma de su pueblo le bulle en el sensorio de manera tal, que él no tendría fuerza para evadir el imperioso reclamo a la hora de la creación literaria. No debe: porque seria restarle a su patria un aporte que la significa y la cataloga dentro de un género literario. Esperamos, pues, que esta resolución de Bosch, sea transitoria”.  Bosch, además de escribir cuentos escribía y publicaba en Alma Dominicana poemas costumbristas, un poco influenciado por el Romancero español. En Alma Dominicana Juan José Llovet y Juan Bosch eran los redactores, mientras que Emilio A. Morel era el director.

La admiración de Bosch por los escritores que se ubicaban en el “Conchoprimismo”lo llevó en agosto de 1935, a promoverlos, como hizo con José Rijo, por tener éste el “corazón machacado en el pilón del campo y rezumante de todas nuestras virtudes, me parece haber encontrado un verdadero cuentista. (…). Dos cosas admiro en José Rijo, su personalidad, ya que no se parece a ningún escritor dominicano, y el amor con que carga ‘su provincia al pecho’. Eso lo salvará. Por órgano suyo ruego a los jóvenes maestros del cuento nacional (maestros, no por lo que hayan hecho, sino por lo que critican y por la arrogancia y aparente erudición que manejan), no ver en este primer cuento los defectos”.

El aporte de Bosch fue universalizar lo dominicano en la literatura. Lo que dijo sobre Rijo, fue lo que al final lo inmortalizó a él en la política y la literatura universal: el amor con que siempre cargó la patria en su pecho; mientras que muchos de sus críticos son hoy pasto que devora la historia. (Véase: revista Vetas, Santo Domingo, Año X, No.65, mayo del 2003).

 

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