Palabras de Raymundo González en la Puesta en Circulación del Libro Cartas del Cabildo de Santo Domingo (Siglo XVII), por Genaro Rodríguez Morel

Miércoles, 17 de Diciembre de 2008 18:31
Por :Raymundo González
Imprimir
Historiador dominicano, miembro de la Academia Dominicana de la Historia y asesor del Archivo General de la Nación.

Buenas noches, damas y caballeros, amigas y amigos: Después de casi una semana de lluvias intensas con lamentables secuelas de pérdidas humanas y materiales, poco a poco nos disponemos a retomar el ritmo cotidiano de las actividades académicas, aunque no podemos menos que sentirnos apesadumbrados y en el deber de expresar nuestra solidaridad con tantas familias que han sufrido los embates de la tormenta que apenas hace algunas horas ha dejado de afectar el territorio nacional.

Toca esta noche presentarles una nueva colección de documentos editada por el Archivo General de la Nación en colaboración con esta Academia Dominicana de la Historia que ha sido preparada por Genaro Rodríguez Morel, académico residente en España, quien formó parte de la comisión de historiadores dominicanos dirigida por fray Vicente Rubio, O.P., en los cuatro años previos a la efeméride del quinto centenario del descubrimiento colombino, y en la cual tuve la honra de acompañarles. Le agradezco además a Genaro por la invitación que me hizo para presentarles este libro.

Brevemente me referiré primero a aspectos formales de la colección y luego a al contenido del estudio preliminar que lo encabeza.

La obra que hoy se pone a circular es rigurosamente la continuación de otra del mismo Genaro Rodríguez, publicada en 1999 por el Patronato de la Ciudad de Santo Domingo, cuyo título, Cartas del Cabildo de Santo Domingo (siglo XVI), me exime de mayor justificación.

El nuevo tomo de Cartas del Cabildo de Santo Domingo en el siglo XVII contiene 118 documentos procedentes del Archivo General de Indias, en Sevilla, en su mayoría cartas, memoriales y probanzas fechados entre 1580 y 1691, enviados al monarca castellano, como cabeza del imperio español a ambos lados del Atlántico (más las Molucas y Filipinas en el sur de Asia).

Rápidamente llama la atención, a través del índice de los documentos, que hay tres de ellos que no están fechados en Santo Domingo: el primero es una real cédula de Madrid, del 25 de julio de 1583, que va adjunta al documento anterior, una carta del procurador de la ciudad (Lic. Leguizamon) fechada en diciembre de 1589; el segundo es una carta del Ayuntamiento de la villa de la Yaguana, copia de la cual fue remitida al Cabildo de Santo Domingo; y el tercer documento es una carta del procurador de este mismo cabildo enviada desde Sevilla.

También resultan llamativos los límites cronológicos del siglo XVII, que el historiador ha colocado fuera del los guarismos aritméticos. Más bien nos plantea la existencia de una unidad histórica de los procesos sociales que arrancan hacia 1580 y que se extienden hasta 1691, como veremos más adelante. Esta flexibilidad es una señal de que la cronología abarcar procesos históricos y no sólo realizar un corte temporal sin significación social, como se advierte en el hecho de que la primera fecha señala, como veremos más adelante, un precedente poco conocido de las llamadas “devastaciones” y el año 1691 constituye la culminación de los enfrentamientos en la frontera a lo largo del siglo XVII, con la derrota de los franceses en la batalla del 21 de enero en Sabana Real de la Limonada.

Salvo por algunas cartas iniciales, el autor ha organizado en orden cronológico los documentos (incluyendo dos cartas sin fechar que han sido intercaladas en los años 1607 y 1609, respectivamente), lo que permite una lectura en su contexto sobre cómo evolucionaron las preocupaciones del Cabildo a través del tiempo. En estas cartas se plantean los puntos de vista del Cabildo, Justicia y Regimiento de la capital más antigua de los reinos de Indias, con respecto a muchas cuestiones de gobierno y administración. Algunas de ellas eran conocidas por algún fragmento citado en distintas obras de quienes habían podido acceder a ellas en el Archivo General de Indias. Ahora, gracias a esta compilación de Genaro Rodríguez, podemos contar con los documentos completos y con una transcripción paleográfica confiable. Además, el autor ha incorporado un índice general y ha preparado los índices correspondientes a nombres de personas y materias que facilitan la consulta de los mismos.

Por último, otro aspecto, ya de carácter editorial, se refiere a la procedencia de los documentos transcritos. A partir del estudio preliminar se puede colegir que las cartas aquí referidas corresponden a los legajos de la Sección V del Archivo General de Indias, en particular: Santo Domingo 73, 91, 92, pero sólo de un modo genérico para la mayoría de los casos. Por eso añadir a cada una de las transcripciones su signatura archivística no sale sobrante.

Lo que sí resulta ocioso es encarecer la importancia de esta colección de documentos del cabildo de Santo Domingo, pues ya todos sabemos que el archivo de nuestra ciudad capital aparte de encontrarse en condiciones desastrosas, apenas conserva algunos documentos del siglo XIX, y el más antiguo de todos es el libro de propios de la ciudad, de finales del siglo XVIII, llamado también Libro Becerro del Ayuntamiento (1786), el cual se da por desaparecido desde hace ya dos décadas. De esta forma, los dos tomos de documentos del cabildo de Santo Domingo publicados por Genaro Rodríguez forman, pues, un aporte invaluable que debemos tratar como un tesoro.

Paso de inmediato a referirme al contenido del estudio del autor.

La corporación dominicopolitana, como bien señala Genaro Rodríguez, reunía a los principales o notables de la ciudad, los “patricios” o “aristócratas” (cuyo reverso era la plebe), los cuales desde mediados del siglo XVI se habían enquistado en el dicho Cabildo, adueñándose del principal medio de representación política a que tenía alcance el grupo económicamente poderoso de la capital, resuelto a defender y gestionar sus intereses privados. A dicha corporación le imprime este último grupo un sello de clase, que resalta en todo momento el autor. En este libro la vemos confrontando los intereses monopólicos de los comerciantes Sevillanos, pero también enfrentando el desarrollo de otras ciudades que podían hacerle competencia, así como también solicitando gracias y mercedes para facilitar o expandir sus negocios.

Como en la ocasión anterior, cuando en la introducción al primer volumen de cartas realizó un estudio de los conflictos entre los diversos sectores dominantes de la colonia, Genaro Rodríguez aprovecha la presentación de los documentos para darnos un agudo examen de la sociedad en la que se enmarcan las cartas que integran la colección.

El estudio titulado “La crisis del sistema colonial español. (Las despoblaciones de 1580 y 1605)” nos proporciona un marco general de interpretación de la sociedad colonial de La Española, a través del análisis de cuatro aspectos precedidos de un acápite de antecedentes del período. Estos aspectos son: a) contrabando y repoblación; b) las despoblaciones y la quiebra de la plantación esclavista; c) efecto demográfico de las despoblaciones, y d) el “criollo” en la composición social dominicana.

En los primeros tres análisis el autor aporta datos que modifican la visión sobre los hechos que hasta ahora teníamos: en particular al señalar el traslado voluntario, aunque luego revertido tras su fracaso, de las poblaciones de Montecristi y Puerto Real a la nueva población de Bayahá. Hecho que ocurrió en el año 1580, y en el que apenas había reparado la historiografía. Asimismo, los cambios demográficos que tuvieron lugar internamente, poblándose las áreas costeras del norte y oeste de la Isla en detrimento de la capital. Y el desenvolvimiento de los grupos dominantes criollos en abierta desobediencia a las autoridades coloniales, que hicieron expresar a uno de estos vecinos acaudalados que “no conocía al rey y que ellos eran los reyes y los jueces en aquellas tierras” (apud, Rodríguez 2007: 20). Esto sucedía mientras se incrementaba el comercio intérlope de mercaderías con naves francesas y holandesas, la primera nación enemiga de España y la segunda una provincia en rebeldía del imperio español. La descomposición de la plantación azucarera, habría dado paso a una economía de medianos y pequeños productores de jengibre; dicho en otras palabras, durante los 25 años que cubre el período de referencia del estudio la colonia española se convirtió de una sociedad esclavista a una sociedad con esclavos. En todas estas vueltas de la historia de la colonia el Cabildo capitaleño tiene un papel destacado: lo vemos alternativamente aliado a los contratadores o rescatadores junto a los oidores y el clero, contra el presidente-gobernador y, en otro momento, lo vemos en competencia con los cabildo de los puertos pujantes de la costa noroeste de la Isla, aliados entonces al fiscal (el oidor más joven de la Real Audiencia) y al presidente-gobernador. Lo vemos reclamando el comercio libre frente a la corona con el pretexto de evitar la despoblación de la Isla. En todos los casos, siempre enarbolando los intereses privados de los grupos de poder encumbrados en el Cabildo de la ciudad capital.

De todos los aspectos examinados en el estudio introductorio quizás sea el último, que se ocupa del criollo en la composición social dominicana, el que se presta a mayores debates; a nuestro entender, aunque se esbozan varias líneas de búsqueda (como la sugerente cuestión de la patria criolla y la mestización de las milicias que defendían la Isla de los ataques enemigos), apenas está planteada la cuestión en este escrito. Pero como de costumbre el autor presenta su punto de vista a base de inferencias a partir de aportes documentales que lo hacen acreedor, a nuestro juicio, de nuevos análisis y más discusión.

Gracias al esfuerzo investigativo de Genaro Rodríguez y al auspicio del Archivo General de la Nación y de esta Academia, recibimos una nueva contribución documental para ampliar los horizontes de nuestro conocimiento del pasado colonial: Una oportunidad más para penetrar en la investigación de este período que merece mayor atención de nuestros estudiosos. Nuestro agradecimiento a todos, y en especial a su autor, por esta oportuna y a su vez valiosa contribución. (Santo Domingo, 1° de noviembe de 2007).