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Emilio Cordero Michel y Salvador Morales debaten el libro sobre Almoina Mateo (2)

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El interesante debate entre los dos historiadores caribeños, niciado el 3 de marzo del 2009 en la Academia Dominicana de la Historia, ha merecido la atención de académicos e intelectuales dominicanos. www.historiadominicana.com.do, entrega a sus lectores todos los detalles de la polémica,
la  que incluye tres artículos del historiador Juan José Ayuso publicados en el periódico El Nacional y las respuestas de Salvador Morales a los mismos.

Emilio Cordero Michel critica la obra de Salvador Morales: "Almoina, un gallego contra la dictadura de Trujillo"

(Salón de Conferencia Academia Dominicana de la Historia, 3 de marzo 2009)

Mi amigo Salvador me pidió hace varios días que hiciera junto con la colaboradora Natalia González la presentación de  esta última obra; y en varias oportunidades, incluso, ayer por la mañana le contesté que no podía hacerlo, porque por la falta de tiempo de esta bendita académica que  lo consume casi totalmente, no había podido leerlo.

Él insistió varias veces, y aunque le manifesté que no quería ser otro parecido a lo que hizo el intelectual y poeta trujillista Osvaldo Bazil, que siendo embajador dominicano en Madrid, escribió el prólogo de una obra de Emilio Morel en la que exaltaba a Rafael Estrella Ureña, cuando este ex presidente estaba en desgracia con Trujillo. Ante el requerimiento que le hizo el tirano le respondió con un radiograma lo que sigue:
“Querido Jefe, ciertamente escribí  prólogo, más no leí obra”
Yo no quise hacer eso, y por eso me vi obligado a no repetir esa y disfrutar de la experiencia, de fajarme anoche desde las cuatro de la tarde hasta las tres y cuarto de la noche, de una sola sentada me leí las trescientas cincuenta y tantas páginas del libro.

Quiero aclarar algo, que fue lectura a brinco de pulga, como se dice vulgarmente, si me desvelo mucho (…) a los que le pasaron la vista, y leí desde el prólogo de Roberto Cassá, en la página nueve, hasta concluir el informe confidencial en la página 352;  comenzaré pues para cumplir este compromiso.

La obra está dividida en 22 capítulos y un anexo, pero arriba señalaba el informe confidencial sobre el Régimen de Trujillo, que fue quien dio a los pocos meses de su llegada a ciudad de México en 1947, a los gobiernos democráticos de algunos países..

Detrás le señalé aquí que la obra escrita con cierto rigor científico, pero con ausencia total de la correspondiente crítica histórica a las fuentes utilizadas, tanto las documentales primarias y secundarias como las orales de los familiares de Almoina y de otras personas involucradas y conocedores del caso, evidencian una gran pasión por notificar por qué Almoina escribió “Yo fui secretario de Trujillo”, obra que es una descomunal, del tirano, porque según el autor, y lo cito de la página 116, “la obra fue producto de circunstancias contradictorias”.

Luego, creo que exagera un poco el ensayo La biblioteca de Diego Méndez, que resaltó hasta de exageración un sacerdote muy culto, cultísimo, que fue mi  profesor de la facultad de derecho en 1948 en la universidad de Santo Domingo, pero también fue muy sinvergüenza, muy de la Iglesia católica dominicana; lo fue tanto que como pocos dominicanos en Nueva York, se vio involucrado en el caso del secuestro de Jesús de Galíndez, me refiero a Oscar Robles Toledano.

En mi opinión, Almoina, como preceptor de Ramfis, lo instruyó mal, muy mal, sobre todo los aspectos morales, intelectuales y humanísticos o humanitarios, contrario a lo que dice Salvador en la página 126; pues su conducta, la de Ramfis, muestra que era un ignorante, porque este secretario particular, César Augusto Saillan, yo tengo la obra, que dice que no podía ni siquiera redactar una carta bien, y por los que como yo fuimos sus compañeros en la Universidad de Santo Domingo, recordamos que la llamada “promesa fecunda”, como decían por la radio, cuando asistió al primer examen oral en la facultad de derecho en el año 1947, en esos años eran oral todos los exámenes de la universidad. Hizo un papel tan ridículo y risible, yo fui a reirme incluso, fuimos todos a reinos,  que en los años subsiguientes Ramfis se examinó en privado en la rectoría, claro, al final de la carrera le dieron el título “Suma Cum Laude” de Doctor en Derecho.

Por otro lado, su sádica criminalidad en la sala de tortura de la cárcel del kilometro Nueve, creada por él, para torturar a los gloriosos expedicionarios antitrujillistas del 14 y 20 de junio del 1959, a los implicados en el complot de los sargentos del mismo año, los apresados del movimiento revolucionario 14 de Junio, con los acusados de participar en el ajusticiamiento de Trujillo y luego con el asesinato de los que participaron en la gesta  del 30 de mayo en la Hacienda María, eso habla muy mal del tipo de educación que pudo ofrecerle su receptor Almoina, lo que me ha llevado a preguntarme lo siguiente: “¿Qué clase de educación fue la que le dio el preceptor para que se convirtiera en una verdadera bestia además de imbécil?

Me siento en la obligación de criticar que Salvador no cuestionara el servilismo de Almoina al escribirle a María Martínez Alba de Trujillo dos obras: Meditaciones Morales y Falsa amistad,  que ella firmaba y que en la sociedad dominicana de la época se comentaba, con suma discreción, que el gallego tenía relaciones amorosas con la Primera Dama, lo que él niega en la página 281 de su obra; alegando que ella tenía poco atractivo, físico, y él era (…). Eso se comentaba aquí, en la Ciudad Trujillo, en los años 1940, yo lo oí en mi casa y en casa de amigos y familiares.

No había peñas literarias sin los refugiados españoles en las cafeterías de la ciudad de México cuando el gallego Almoina residía en esa ciudad. Además, también se rumoraba, eso era “Voz Pópuli” dentro de sectores y familias anti trujillistas; que tanto la Primera Dama, como su hija Angelita, eran, como se decía en le Cibao: “mujeres de gurrupelas flojas”. Una expresión cibaeña que se usaba mucho eso de gurrupela.

El que Almoina escribiera su libro “Yo fui secretario de Trujillo”, por solicitud de la esposa del tirano, por temor, por miedo, lo dice Salvador en la página 214, no demuestra que fuera un hombre de una gran moral socialista, sino todo lo contrario, por lo que yo me pregunto: “¿Era Almoina un hombre íntegro o un aventurero acorralado por las denuncias que hizo contra el sátrapa Trujillo?”, eso no queda bien claro en toda la obra de Salvador.

No obstante ese comentario crítico, son novedosos y de gran interés los capítulos que tratan las declaraciones de Almoina con Galíndez y la trama de Trujillo para eliminarlo, en Cuba, en Las Habana, utilizando como cebo a su ex yerno, que había estado casado con Flor de Oro Trujillo, Ramón Brea Messina y  con el ejecutor del programado asesinato Félix W. Bernardino, redactado por su autor, basado en notas que el propio Almoina dejó.. Igualmente es novedosa la información sobre la conducta cuasi delictual de un oscuro y lambiscón personaje del Trujillato, que se la daba de historiador, y llegó a ser miembro de esta institución, me refiero a Manuel de Jesús Goico  Castro. 
 
Nublado por los temores del trujillato y especie de _auto confinamiento de Almoina ofrecido por su viuda, hijos e hijas, y particularmente el que hubo un funcionario diplomático dominicano en Ciudad México, Osvaldo Díaz Fernández, fuera el autor intelectual de ese asesinato, cometido por unos pistoleros cubanos contratados por el jefe del SIM, Johnny Abbes García , demuestran muy claramente que la eliminación del exiliado español fue fríamente premeditada con mucha paciencia y muy bien organizada.

El amigo Salvador confunde su obra con la trascripción in extensos en la página 299 a la 352, del informe confidencial que sobre la política dominicana posee el licenciado José Almoina Mateo, ex secretario particular del presidente Trujillo, ese titulo que lleva, escrito en septiembre de 1947, o sea, a los pocos meses de haber llegado a México; enviado a varios gobiernos caribeños.

En ese importante documento sacado a la luz pública, por primera vez, a los 61 años de su redacción , Almoina denunciaba los planes de intervención en los asuntos internos de Venezuela, Cuba, Colombia, México, Guatemala y Haití. Y señalaba con pelos y señales  los contactos con funcionarios norteamericanos, senadores, diputados  que apoyaban su propaganda, les hacían propaganda y recibían regalos o sueldos de Trujillo.

Este valioso documento, o sea, el informe, demuestra que Almoina era un hombre muy bien enterado de la política internacional de Trujillo por sus funciones como secretario, y que o guardó copias o resúmenes de los documentos que pasaron por sus manos, lo que era sumamente peligroso, y quizás de ahí, su macabro interés por salvaguardar su biblioteca, o tenía una fabulosa memoria.

A pesar de ello, considero que cayó en algunos errores y falsedades al señalar entre otras cosas, de manera muy reiterada, la homosexualidad o la llamada “ambisexualidad” de Trujillo, con lo que mucho exageran la tipología del tirano. La obra presentada al público ofrece una  nueva y novedosa interpretación de la conducta del gallego de Almoina, como apunta Roberto Cassá en el prólogo, y le cito esta obra, “enarbola una defensa, si se quiere apasionada, de José Almoina”. Opinión que yo comparto plenamente y como también asegura Roberto Cassá, el prologuista, el recibo de Almoina es controversial, porque dejó la actuación política en el país, criterio que también comparto.…

No obstante estar en desacuerdo con mucho de los planteamientos del amigo Salvador, por la personalidad y conducta de de Almoina frente al régimen de Trujillo, opino que debe ser lectura obligada para todo el que quiera ampliar  sus conocimientos del periodo de la tiranía durante los años 1940-47, especialmente cuando trata de las negociaciones que se hizo con el Partido Socialista Popular cubano, las acciones que  hizo Marrero Aristy en Cuba para traer aquí a exiliados dominicanos vinculados al PSP dominicano y a la Juventud Democrática. Todo esto visto por un español refugiado, en el país, que al igual que su compatriota  vasco, también exiliado, Jesús de Galíndez, pagaron con sus vidas  la publicación de dos polémicos libros contra Trujillo.
 

Salvador Morales, autor de la obra "Almoina, un gallego contra la dictadura de Trujillo"  y la respuesta al doctor Cordero Michel

(Salón de Conferencia Academia Dominicana de la Historia, 3 de marzo 2009)

Bueno, lo primero que quiero decir es que esta obra sale con el apoyo del Archivo General de la Nación y se pone en circulación gracias a la Academia de Historia, que ha tenido la gentileza de permitir la presentación del libro en la noche de hoy. Pero al agradecer, quiero hacer extensivo mi agradecimiento al Archivo General de la Nación, no solamente a su director Roberto Cassá, que desde el primer momento acogió con extraordinario interés el documento confidencial que le había mencionado Emilio y Natalia.

Nos hallábamos juntos allá en Caracas cuando yo encontré ese informe, y no es que fuera desconocido por mí el personaje, ya había tenido la ocasión de toparme con él, y Roberto me dijo: “bueno, pues vamos a hacer una edición de este informe, prepara una introducción histórica”, y ya ven en qué paró; los historiadores no tenemos a veces un fin, un fin fijo determinado cuando nos ponemos a investigar algunas de estas cuestiones, y más que una introducción histórica se convirtió en un libro, una verdadera provocación.

Y en ese trabajo pues colaboraron muchísimos compañeros del Archivo, de la Casa Amarilla, en Venezuela, y me ayudaron a encontrar algunos documentos más, el Archivo de Naciones Exteriores de México, el de Cuba, pero sobre todo aquí el Archivo General de la Nación, que muchos compañeros me prestaron su apoyo, su conocimiento, localizarme libros, periódicos, revistas, documentos, y desde luego, también el trabajo editorial de este libro, tengo que agradecerle a muchos compañeros que participaron entusiastamente en colaboraciones.

Y ahora mi toca responderle a mi querido amigo Emilio, ya ustedes lo conocen, no tiene un ojo clínico, tiene un ojo fétido, tiene una gran capacidad para chocar con la purulencia, y yo le agradezco muchísimo sus observaciones, algunas tan controversiales como las mías, y las tomo en consideración.

Tiene algunas cuestiones que a mí me han llamado la atención y que se expresan en su comentario, uno de los elementos que más me ha sorprendido a mí en la búsqueda de información sobre Almoina y la concurrencia a ese al restaurante conocido como Palacio de la esquizofrenia, y conversar con algunos amigos sobre el tema de Trujillo, es cómo todo un anecdotario, sin mayor comprobación en su enriquecimiento, y de su constante fabulación, permanece de un modo crónico en las conversaciones de las personas de mayor antigüedad.

He oído distintas reacciones sobre distintos temas, cómo cada cual la cuentas a su gusto, la sazona con más sal, con pimienta, algunos le echan orégano y hasta comino; pero esa cominería, que a veces forman parte de una especie de mentidero, que viene desde épocas muy lejanas. Entonces a mí me sorprende mucho de ver si había oído o leído, más bien, los comentarios de que se hace eco Euclides Gutiérrez Félix en “Monarca sin corona”, y Víctor Grimaldi en su libro “Sangre en el barrio del Jefe”, sobre que Almoina en la tertulia cuando se emborrachaba decía que se había acostado con la mujer del jefe; y ahora me doy cuenta, en la versión de Emilio Cordero Michel ya eso venía desde épocas anteriores, ya siendo él chiquitico del hermano que se chupaba la semilla del mango, ya había escuchado comentarios sobre ese tipo de cosas. Y lo tomo como un ejemplo, lo quiero tomar como un ejemplo de ciertas cosas que perviven, superviven sin el menor análisis crítico.

Para mí que he revisado la documentación, tanto dominicana como del despacho diplomático, al ver la minuciosa vigilancia que había sobre los embajadores, cónsules, sobre el país en general: tomaban los teléfonos, revisaban las correspondencias, que todo el mundo se iba de chismes sobre cualquier cosa, y digo: “bueno, cómo una cosa tan escabrosa, tan lacerante para el orgullo machista de Trujillo, podía haberse escapado sin castigo”. Entonces, son elementos un poco difíciles de digerir desde el punto de vista del análisis crítico.

Esto nada más que lo quiero poner como un ejemplo de este tipo de información que todavía subyace, condiciona,  prejuicia, el imaginar de lo popular dominicano, entonces es muy difícil que algunas afirmaciones que uno haga no sean leídas a través de estos tamiles, que no se pueden desarraigar tan fácilmente,

Lo mismo me sucedió con la extrapolación de, bueno, de qué buen o mal maestro pudo haber sido Almoina de Ramfis para que este saliera tan criminal, yo creo que esa es una extrapolación que no tiene la validez que Emilio pretendió darle, porque cuánta gente buena ha tenido malos educadores, y cuánta gente criminales han tenido excelentes maestros?.

Yo creo que hay muchos elementos que van más allá de la simple clase que le puede dar un profesor, y más cuando se vive en un ambiente embravecido, pudiéramos decir casi envilecido desde el nacimiento, como vivió este muchachito, Ramfis, que era un saco de complejo y de problema, que iba mucho más allá de un maestro, además no fue el único maestro Almoina, él era el preceptor fundamental, pero junto a él iban diariamente a dar la clase otros importantes maestros dominicanos.

Pero bueno, de todos modos agradezco siempre todas esas críticas, y estoy muy conciente de que muchas de las afirmaciones mías quizás no tengan todo el sustento que yo hubiera querido darle. He tratado de meterme en la piel del personaje, como muy bien señala Natalia, para a través de tan poca información disponible tratar de articular una explicación, algo que a mí siempre me golpeó y me sigue golpeando, y no encuentro la debida explicación y puede que la haya soslayado, y es porque un individuo que escribe estos dos formidables documentos que nunca, anteriormente, se había hecho una denuncia; y en esos años, 1946-1947 y esa expresión la tomo e varios historiadores dominicanos, una denuncia tan bien articulada del trujillismo, como la que se hace en una zafra aquí en el Caribe y en el informe confidencial, que creo que fue oportuno y contundente, porque trascendió a la Cancillería e incitó, posiblemente, una buena parte de la política anti trujillista de algunos de estas repúblicas democráticas populistas de aquel entonces, que fue utilizada en la comisión de la Organización de Estados Americanos (OEA), que examinó la crisis del Caribe.

Pudiera llegar a haber escrito “Yo fui secretario de Trujillo”, por más que me he roto la cabeza, de encontrar una explicación pues no me encuentro satisfecho; y eso que acabo de leer, Salvador Alfau me permitió hace unos días, otra vez, la carta aquella en que Cucho Álvarez Pina le manda un SOS a Trujillo, que lo repongan. Digo: “mira tanta adyección, adyacción”, inquisionaba hasta lo más profundo, hasta la médula, aquel régimen. Bueno uno piensa,… Pero también la carta que Bosch le escribió, estaban escritos en esos términos protocolares “querido jefe, admirado”; cómo una tanta cortesanía llegó a ser un formalismo para dirigirse a él como un rito obligado, si no esto no camina a ninguna parte. La verdad que es cuesta abajo admitir cómo los individuos se ven esforzados, a veces, a realizar contra sí mismo ciertas fórmulas, ciertas actividades que son indignantes, y yo entiendo que sí, y efectivamente Almoina no era una persona que pudo actuar siempre con la limpieza que se pudiera esperar de un militante socialista.

Pero bueno, la historia del movimiento revolucionario, socialista, etc., es muy rica también en esas situaciones paradójicas y contradictorias; y es precisamente eso lo que yo he querido enmarcar, al individuo de situaciones paradójicas y contradictorias en complejidades, porque era un hombre que se veía que estaba literalmente cagado de miedo, sin embargo se atrevió a hacer la denuncia. Mira que pasaron por aquí militantes republicanos, socialistas, comunistas y anarquistas, pero cuántas denuncias hay como el libro de Galíndez y el libro de Almoina.

¿Cuántos tuvieron la pistola y los pantalones de decir “sí, lo voy a hacer”? De que esto pudo haber sido una forma de exorcizar la mugre que se le había impregnado, también,  pero también hay que reconocer que el individuo, los seres humanos somos, a veces, así: valientes y cobardes, cobardes y valientes; y a la hora de hacer un balance de todo esto, no hay que olvidar los momentos de temor, de señalarlo, pero yo creo que más vale señalar los momentos que han sido positivos, los momentos que han contribuido ha algo, y eso es lo que yo he quiero hacer.

De modo que no pensaba hacer uso de la palabra, pensaba y todavía pienso, que deberíamos quebrar estos formatos y estos formalismos, y no solamente hablar los que estamos aquí de este lado, sino también algunos compañeros que aquí, en el público, ya han tenido la ocasión de leerse el libro, ¿y por qué no les vamos a dar la palabra? Yo con todo el gusto convido a algunos de los compañeros aquí presente a leerse el libro, y a echarle hilo al libro, a que hagan también sus comentarios. Y a mis comentaristas Emilio Cordero Michel, ya ustedes lo conocen, y a Natalia González mi más cálido agradecimiento.

 

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